lunes, 22 de noviembre de 2010

MUÉVETE POR LA EDUCACIÓN


¿Qué exigimos?

1. Recuperar el carácter público de la educación como un derecho y asumir la función educativa como una prioridad nacional;

2. Colocar a las escuelas y las aulas como el centro y la prioridad del sistema educativo;

3. Que los gobiernos federal y estatales asuman su responsabilidad educativa con transparencia y rendición de cuentas;

4 . Promover la participación de la ciudadanía, en especial de los maestros, los estudiantes y los padres de familia, en la gestión del proceso educativo desde las escuelas;

5. Garantizar los derechos laborales de los trabajadores de la educación y una genuina representación de sus intereses bajo principios democráticos; y

6. Evitar la injerencia de la cúpula sindical sobre el sistema educativo y en especial sobre el desarrollo de la carrera profesional del personal educativo.

En particular, exigimos al gobierno federal y a los gobiernos de los estados, tomar las siguientes acciones como los pasos iniciales de la transformación de la Educación:


1. Cambio de las reglas que posibilitan la intromisión de la dirigencia sindical en la política educativa y que le conceden en los hechos derecho de veto, en particular la derogación del decreto del Reglamento de las Condiciones Generales de Trabajo de 1946, el Reglamento del escalafón y las comisiones mixtas y en general, las normas que sustentan el acuerdo corporativo.

2. Profesionalización de los maestros. Crear un auténtico servicio profesional de carrera educativabasado en desempeño y capacidad, que regule el ingreso, capacitación, promoción y nombramiento de maestros, directores y supervisores como servidores públicos y que promueva su reconocimiento social y garantice sus derechos.

3. Transparencia en los recursos manejados por la cúpula del SNTE y reducción de comisionados sindicales: Hacer públicas todas las transferencias directas e indirectas de recursos públicos a la dirigencia sindical, y reducir el número de las “comisiones con goce de sueldo”.

4. Participación y vigilancia ciudadana para supervisar las nuevas reglas y promover la mejora de la calidad en la educación.


La información completa se encuentra en

http://www.porlaeducacion.com/




altamente altanero

jueves, 18 de noviembre de 2010

Música para la REVOLUCIÓN (con o sin aniversario)


No sé qué pasó en México, pero la canción de protesta quedó soterrada y relegada a públicos minoritarios... Vaya, apenas alcanzó a llegar a la época del casette, muy poca quedó en cds...

En Argentina, la tradición rockera se fundó sobre esas canciones, en especial las de León Gieco, que retoma el espíritu dylaniano y lo transporta al idioma.



PARA ESTE CENTENARIO,

MÚSICA ARGENTINA DE REVOLUCIÓN



De igual a igual...





Hombres de hierro...




Dos rolitas que valen la pena...



viernes, 12 de noviembre de 2010

LOS MUROS TIENEN LA PALABRA



...de un librito que recopila las frases del 68 en los muros de París...




“La acción no debe ser una reacción sino una creación”
“La Revolución debe hacerse en los hombres
antes de realizarse en las cosas”
“Una nada puede ser un todo, es preciso saber distinguir esto”
“Lo sagrado: he ahí el enemigo”
“La Revuelta y sólo la Revuelta es creadora de luz, y esta luz
sólo puede tomar tres rumbos:
la POESÍA,
la LIBERTAD
el AMOR”.
A. Breton
“La imaginación toma el poder”
“Construir una revolución es también destruir todas
las cadenas interiores”
“Por los caminos que nadie había pisado, ¡arriesga tus pasos!
Por los pensamientos que nadie había pensado, ¡arriesga tu cabeza!”
“Cuando la gente se da cuenta de que se aburre,
deja de aburrirse”
OLVIDEN TODO LO QUE HAYAN APRENDIDO
EMPIECEN POR SOÑAR
(Los muros tienen la palabra, Extemporáneos, 1970).

TASSIER EN SUS PALABRAS

PALABRAS DE GONZALO TASSIER EN LA PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN “CARLOS CASTILLO PERAZA. DÉCIMO ANIVERSARIO LUCTUOSO”


Gracias, de verdad gracias por esta inmerecida invitación a celebrar el nacimiento de un libro.
A mi me gustan los libros, ese no sé qué que hay detrás de sus tapas y lo de “no sé qué” no es gratuito... a un libro hay que leerlo para saber qué es lo que encierra, lo que nos quiere decir, compartir, enseñar, divertir, moldear, hacernos imaginar, volar o aterrizar.
Por más que he leído me doy cuenta de que no he leído; por más que he soñado me doy cuenta de que estoy despierto; por más despierto me doy cuenta también de todo lo que no me doy cuenta. Así son los libros conmigo, ingratos: se me olvida lo que leí; canallas: me lastiman y me descubro llorando con mi pijama a rayas; me aplastan, me estiran, me moldean: desde mis quince años me siento el Demián en la búsqueda de la Eva eterna y ya fui existencialista, bohemio, hippie, artista, loco, beatnik, burgués, miserable con Víctor Hugo, estepario con Herman Hesse, niña mala con Vargas Llosa, Caín con Saramago o elefante, qué más da, son dos animales grandes creados por un hombre en búsqueda de Dios. Como Buñuel, lo atacaba para ver si le salía del rincón; ahora caigo que por eso la escena de los escuincles cocoreando al alacrán, a ver si les pica de una vez por todas, como pica Dios, pues.
Estoy aquí, además de a celebración editorial, para dar un testimonio cariñoso en el décimo aniversario de la muerte de Carlos, para celebrar nuestra amistad porque Carlos era mi amigo, un amigo tan grande como esos de Verdades Reveladas: tiene uno que creer en él aunque no se le comprenda.
Y así era, demandante, había que estar ahí, hacer lo que él decía y oírlo, le gustaba que lo oyeran pero no por ese afán ególatra; todo lo contrario, para compartir, para corregirse oyéndose, para reescribir la página, para enriquecer el pensamiento. Y sigue haciéndolo. Ahora quiere que le escuchemos desde su testamento literario, la memoria escrita.
Carlos era
luminoso
despierto
ansioso
veraz hasta llegar a ser insoportable
disciplinado
romántico
bohemio
intuitivo
podía parecer grosero
Carlos era un alma grande; de tan grande no ha acabado de dejarnos y me regocijo por ello. Estos tres pequeños libros son un viaje, así de fácil, un recorrido por los testimonios de Carlos. Sus nombres favoritos, sus hombres favoritos, están sus discursos y están sus sueños. Demandan poco porque él siempre creyó en la congruencia del hombre, esperó de su naturaleza, sabía que al final, siempre, las voces de la consciencia vuelven a la verdad.
Sus escritos demandan tan sólo una atenta lectura, escuchando lo que todos tenemos de verdad en el corazón, esa verdad que en humanismo es la parte luminosa del ser o, según Savater, se le nombra fácil: Ética.
Yo quisiera que Carlos estuviera aquí para oírlo bronco, demandante, exigente, diciéndome “bájale Tassier, ponte a dibujar y cállate la boca”, en acento yucateco, cantado a golpes, silábico.
En el primer libro, Más allá de la política, hay un Carlos poco público, el Carlos que de no haber sido llamado por una vocación política –que puedo llamar superior, una vocación de servicio y entrega a la verdad– sería el escritor espléndido, lúcido, imaginativo, el narrador de sus experiencias. Creo que era de esos seres del alquimia que acrisolan sus vivencias para devolverlas convertidas en oro y con ellas adornar nuestros corazones.
Volverás, por su parte, es una narrativa fantástica pero real, mágica pero tangible, costumbrista pero universal y un testamento incompleto –como lo dijo en vida– para sus hijos; no sé cuál de ellos vuelva a Mérida a recoger loros y tortugas a vuelo y paso lento como el pensamiento que hoy nos deja Carlos en estos pequeños tomos que yo celebro y canto.
Para terminar quiero contar una anécdota sucedida durante una deliciosa comida con el Doctor René Drucker.
Por los tiempos de la ovejita clonada –Dolly– le dije a Carlos que comería con René Drucker y me contestó que le gustaría conocerlo; al comunicarle esto al doctor me confió lo mismo, que le encantaría comer con Carlos. Lo hicimos, además con la compañía de Lorena, hija de René. Al sentado frente a un teólogo filósofo y un científico, quise verme inteligente y puse sobre la mesa el tema de la clonación, interrogando a Drucker sobre el origen de la célula viva, el vitro y lo demás, y a Carlos sobre el alma de los clones.
Carlos me miró con esa mirada sartreana, ligeramente estrábica y de paredón de fusilamiento (yo ya había aprendido a no tenerle miedo tras incontables taponazos) y agregó despacito, silábicamente: “Mira Tassier, Dios no se opone a que Drucker siga investigando, y tú, déjanos comer”.
Ahí quedó, así era Carlos, sencillo, directo, abierto, desesperado como el León Bloy que leíamos de jovencitos; como el Maritain de quien robábamos definiciones para el arte.
Ahora sólo me resta recomendar y disfrutar la lectura entrelíneas de estos libros que para eso están, para leerse.
Yo quise entrañablemente a Carlos y lo extraño. Era el barbaján más culto y adorable que he conocido.

martes, 9 de noviembre de 2010

SOBRE LA ORTOGRAFÍA REAL



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Se manifiesta total acuerdo con Jesús Silva Herzog Márquez:



LA ACADEMIA REINA

PERO NO GOBIERNA





Nos preguntamos, además, cuánto tardarán las actualizaciones de María Moliner, Manuel Seco, de los manuales escolares, los procesadores de texto, el propio diccionario real, cuya próxima aparición sería en 2012...

No se niega el derecho que adquieren algunas palabras de hacerse parte de la real lista, e incluso se celebra su llegada... Pero un cambio de ese tamaño –y bajo criterios harto cuestionables–, de un plumazo... ahí cómo qué...




GENTE NADA ALTANERA

lunes, 8 de noviembre de 2010

CARLOS CASTILLO PERAZA. EDICIÓN CONMEMORATIVA

Se presentan a continuación los prólogos de los tres tomos de la edición preparada para el décimo aniversario luctuoso de Carlos Castillo Peraza, en un esfuerzo por difundir su obra periodística, política y doctrinaria.

Los libros se encuentran disponibles en la Fundación Rafael Preciado Hernández.
www.fundacionpreciado.org.mx


Tomo 1. Más allá de la política

Más allá de las actividades y labores desempeñadas en la actividad política y partidista, Carlos Castillo Peraza tuvo un primer oficio, que como él mismo comentaba, era el de “escribidor“. Con este término resumía una vocación que ya desde finales de los años sesenta, y muy probablemente con anterioridad, llevaba al joven de veinte años a dejar asentadas en las palabras del idioma aquellas ideas que comenzaban a aflorar, a madurar poco a poco.

Durante su juventud en Mérida, Yucatán había abrevado en las lecturas de la biblioteca de algún tío abuelo, de nombre Pedro, al que nunca dejó de referirse, al que siempre, en voz alta o silencio, rindió homenajes propios, ceremonias de interior. La educación escolar del Colegio Montejo añadía el cauce, y una curiosidad natural nacía de esa suma, de la vista postrada en un entorno donde hay que buscar los ríos, en una ciudad que por esos años gozaba con los resabios de una malgastada herencia debida al auge henequenero, en una aldea que nacía del blanco y era la suma de todos los colores.

Con ese bagaje acuñó el texto con el que abrimos el primer volumen de esta edición conmemorativa, un cuento en el que el escritor aún novel y en vías de maduración, deposita ese legado en un retrato regionalista, la micro historia que retrata, con un pie en la narrativa y otro en el testimonio. Más tarde, en la obra que cierra este ejemplar, el autor volvería la vista a esas mismas fuentes, a los páramos de la juventud, para retratar en la obra póstuma que el autor legó, novela inconclusa, Volverás, la aldea originaria con los ojos de quien ya para entonces había visto el mundo.

Entre uno y otro textos están los años de crecimiento, de México a Europa y de vuelta a la península yucateca, siempre con la voluntad de dar fe de lo visto, esbozar, criticar y señalar, explicar; la vocación de la mirada y la vocación de la escritura llenaban los reportajes en las páginas del Diario de Yucatán, en las ediciones del fin de semana.

Fueron los años de Roma y Friburgo, los últimos sesentas y hasta mediados de la siguiente década, al cobijo del aula universitaria pero con los sucesos aún recientes del 68 flotando en el aire, con brisa de libertad. Fue la época de la guía universitaria con los griegos y la escolástica, la Edad media, Sartre y Camus, el Personalismo y Maritain, Hannah Arendt y Yourcenar; lecturas que se complementan con la experiencia cotidiana en el nuevo país, la lengua, las costumbres, el esto se pide así, los viajes por regiones aledañas, los nuevos paisaje y las nuevas vistas que llenaban páginas con los golpes entintados de la máquina de escribir.

El periodismo llegaba como vocación y necesidad. Carlos Castillo encontró en éste, desde muy temprano, un modo de expresión que se colmaba con la filosofía, el arte, la literatura, el cine, lo visto, lo aprendido, lo vivido; de igual modo, fue sustento económico que ofrecía, de manera paralela y ya de vuelta a Mérida, a mediados de los setenta, trabajar en la redacción de aquel diario donde, adolescente, había aprendido la vida entre bobinas, equipos de escritura, rotativas, linotipos, que es un periódico. Contaba con gusto cómo, alguna vez, apenas haber ingresado de aprendiz, llegó alguna nota escrita en francés, con carácter de urgente, y que con lo aprendido en el seminario y en el grado secundario pudo traducir aquel papel, lo que le valió una carrera que desarrollaría del final de los setenta y hasta mediados de los ochenta. En Diario de Yucatán escribió siempre. Le guardaba un cariño leal y admiraba el heroísmo de aquellos que se enfrentaban a un gobierno autoritario y publicaban las acciones viles y antidemocráticas de un régimen que era descubierto y puesto en evidencia desde aquellas páginas.

La lucha contra ese régimen exigía compromiso. El Partido Acción Nacional crecía en la Península y demandaba de la participación activa. En 1986 se instaló de manera definitiva en la ciudad de México, luego de haber competido por la alcaldía de Mérida y la gubernatura de Yucatán. La posibilidad de publicar se convertía entonces en un espacio donde dar testimonio de esa lucha, dónde advertir sobre los avances y los atropellos; los temas cambiaban como los hacían las ciudades y las circunstancias. Entonces los discursos la redacción de plataformas políticas, de programas, de cursos y talleres, de los textos para las publicaciones propias del partido y aquellas en las que poco a poco se abría paso.

Los textos que conforman esa etapa política han sido reunidos ya en distintos libros. Más allá de la política pretende retratar esos años anteriores, formativos, cuando Castillo Peraza construyó un estilo que, más cercano a la estética y a la crítica, abre otra veta de esa personalidad curiosa, consciente de que los hombres y su mundo son más que la pura voluntad de dominarse, y que el alma requiere también contemplar, estudiar, aprehender lo bello.

Como en toda antología, la presente es deudora de muchos, y espera que el apoyo y el entusiasmo sean retribuidos con el resultado final. Reunir los textos seleccionados (y otros que por cuestiones editoriales no tuvieron cabida) fue una labor compleja y dedicada, a iniciativa de Julieta López Morales, que recordaba aquellas publicaciones en fines de semana a las que Carlos dedicaba cada día dos o tres horas, y de las que en buena medida es cómplice y coprotagonista. Juan Pablo Castillo coordinó la búsqueda en la hemeroteca de unos tomos vetustos y desgastados, que fue necesario transcribir a mano y luego capturar. La idea original de esta colección, compuesta por los volúmenes 2. La plaza y la tribuna, y 3. Doctrina e ideología nació una tarde, alrededor de una mesa, cuando a petición de Julieta, Juan Pablo, Julio y quien estas líneas suscribe, nos reunimos para decidir qué hacer con una variedad de textos que habían quedado fuera, clasificarlos y constatar que la colección, en sus tres tomos, desataba tres facetas decisivas (la periodística, la del militante y la del ideólogo) en la vida de Carlos Castillo Peraza, a través de su propia pluma. El Partido Acción Nacional, a través de su presidente, César Nava, recibió gustoso la idea de sacar a la luz esta Edición Conmemorativa. Décimo aniversario luctuoso, a través de los empeños de la Fundación Rafael Preciado Hernández y su director, Gerardo Aranda Orozco. Gonzalo Tassier puso el detalle gráfico, siempre atinado y siempre bienvenido, y encontró el modo de armonizar esa terna de textos diversos en la unidad de una colección.

Como dejó asentado en Volverás, Carlos supo ser testigo ante sí mismo, supo dar un testimonio que compartió, generoso, a través de sus textos, sus reportajes, sus entrevistas, sus artículos. El registro de esos años es lo que el lector tiene entre manos, una oportunidad para refrendar que la lectura de un autor es el mejor –y quizá único– medio para conmemorarlo. Es un gusto comprobar que, a diez años de su partida, la pluma de Carlos Castillo Peraza todavía guarda tinta para una idea más.


Tomo 2. La plaza y la tribuna
Como militante en la filas del Partido Acción Nacional, Carlos Castillo Peraza ocupó distintos cargos institucionales, trincheras desde las cuales fue construyendo una carrera política en la que descubrió espacio para desarrollar aquello que, durante los años de estudio y vida tanto en Europa como en Mérida, fue forjándose como una vocación a la que dedicaría más de treinta años: la del militante.

Ser oposición en los años del autoritarismo era complejo y, en buena medida, un acto heroico con el que se intentaba, desde el precario entramado legal, modificar las condiciones de la acción política para encauzarla hacia la democracia, derrotero de los fundadores del panismo y que sólo hasta finales de los años ochenta pudo ver plasmadas sus exigencias en elecciones ganadas y reconocidas por el partido oficial, requisito este último indispensable para acceder al poder.

Entre 1988 y 1991 Castillo Peraza fue diputado, poniendo en alto la tradición parlamentaria de Acción Nacional con intervenciones en tribuna que, como se decía en esos años, “ganaban el debate pero perdían la votación”. En este segundo volumen de la Edición conmemorativa. Décimo aniversario luctuoso, se han reunido algunas de esas participaciones: discursos que reflejan cómo aquella vocación de “escribidor” tenía su equivalente en la tradición oral del tribuno, que sabe utilizar la retórica y la argumentación como herramientas para el debate.

Pocos años después, en 1993, Castillo Peraza sería electo presidente nacional de su partido, con discursos y propuestas que aún permanecen el la tradición oral y escrita del panismo, y que decidimos incluir pues son reflejo de un modo de conducir y guiar un esfuerzo colectivo que bien podría denominarse el del líder, que por tener claro el pasado y el futuro sabe qué decisiones tomar y por dónde conducirlas en el presente. Así, llegaría la época de los grandes triunfos electorales y un momento que resultó fundamental para el país en su conjunto, pues abrió las posibilidades de una auténtica transición de un sistema hegemónico a otro en el que la voluntad de los mexicanos fuese plenamente respetada y representada. De este gran avance democratizador fueron actores y testigos un gran número de mexicanas y mexicanos que supieron asumir con altura de miras su papel en un tiempo y espacio determinados, muchos de ellos llamados héroes anónimos y otros tantos cuyos nombre son ya parte de nuestra tradición democrática.

La labor de dirigir se completaba con la de conferencista. Para Acción Nacional, la tradición oral reposa también en esas charlas en las que se rescata la anécdota, en las que los protagonistas cuentan lo hecho, lo visto, lo a su vez escuchado. Hay memoria cuando hay historia, y Castillo Peraza transmitía esa tradición, la estudiaba, la traducía al presente y extraía de ello una vista al futuro capaz de esclarecer; pedía honrar las tradiciones pero no quedarse mirando atónitos el pasado sino utilizar la técnica para solucionar, de acuerdo con los principios del humanismo, los problemas derivados de ese empeño por servir a una nación, y que es el sentido de la acción política.

En 1997 el esfuerzo democratizador tocaría las puertas de la ciudad de México cuando, por vez primera en casi setenta años, sus habitantes pudieron elegir al titular del ejecutivo local. Carlos fue entonces la cabeza de una campaña que si bien no obtuvo el favor de los ciudadanos, sí despertó la conciencia de la importancia que esa oportunidad representaba, supo detectar problemas y retos aún hoy vigentes y proponer soluciones que todavía están pendientes de poner en práctica. Algunos de los discursos pronunciados en esa ocasión se encuentran también en estas páginas, como muestra de esa otra gran tradición panista que es la de construir plataformas electorales acordes con los problemas de la realidad y exponerlas al electorado, en una suma que presenta la adaptación pragmática de la doctrina de Acción Nacional, en un equilibrio que de sobra ha demostrado su efectividad y su atractivo: es la materialización de esa “apuesta por nosotros mismos” que Castillo Peraza exigía para un partido sustentado en bases doctrinarias que incluso hoy día conservan su vigencia.

Mucho del material incluido en este apartado no había sido publicado con anterioridad y reposaba en los archivos, o más lamentable aún, cerca ya del olvido. Así lo hizo saber Feliciana Álvarez, quien resguardó de manera generosa el grueso de los discursos de aquella campaña que sólo hasta ahora ven la luz en forma de libro, no todos, sin duda, pues el total representaría un sólo volumen que por sus carácter temporal abrumaría hasta al más dedicado de los lectores; elegimos, no obstante, algunas piezas representativas en campaña, frente al electorado, sometiendo a la prueba de las urnas sus ideas y las de su partido. Como el propio Carlos señalaba, con sarcasmo y un dejo de ironía, jamás ganó una contienda electoral, pero dada la distancia geográfica y tecnológica de aquéllas que encabezó en Mérida durante los años ochenta, y la imposibilidad de recuperar las piezas de aquella época, decidimos que publicar estos discursos y estos programas sería representativo de cómo el militante, conocedor de la doctrina y de la realidad de su entorno, pone al servicio de su partido un bagaje de conocimientos, experiencias y voluntad para presentarse frente al electorado con una opción real y responsable de gobierno.

Al igual que los otros dos volúmenes que conforman esta colección, 1. Más allá de la política y 3. Doctrina e ideología, el presente debe mucho a un sinnúmero de manos que colaboraron no sólo en su conformación sino en evitar que el tiempo borrara lo que hemos llamado el legado oral de Carlos Castillo. Entre ellos se encuentran, en primer lugar, Julieta López Morales, quien con ánimo y decisión encabezó la idea original de este proyecto. De igual modo, Julio Castillo, quien seleccionó y clasificó el material disponible, recabado de recuerdos propios y ajenos y al que se sumaron nombres como Javier Brown y Aminadab Pérez Franco, quienes pusieron a disposición buena parte de sus archivos personales para completar este esfuerzo.

No sobra sino señalar el deseo de que la presente colección sea un retrato de tres facetas que destacaron en la vida de Carlos Castillo Peraza: la de periodista, la de ideólogo y la de militante, que en este segundo tomo, La plaza y la tribuna, refleja cómo el pensamiento puesto al servicio de una causa noble y elevada –México y su democracia– es instrumento y herramienta para transformar, desde las instituciones y la legalidad, un país que aún aguarda el compromiso decidido del total de su clase política. Esperamos que el resultado final de este esfuerzo colectivo de edición y compilación no sólo honre la memoria de Carlos sino que, además, exprese el agradecimiento a quienes participaron en su conformación, que es, en fin de cuentas, la mejor y más prolija recompensa.



Tomo 3. Doctrina e ideología
La aplicación práctica de una doctrina, escribió alguna vez Carlos Castillo Peraza, es la ideología, que pretende solucionar un problema específico a partir de unos principios y unos valores inamovibles. El reto para el político de Acción Nacional, a la luz de este argumento, es mayor y más complejo, pues implica no sólo el conocimiento profundo del dogma sino la imaginación suficiente para dar respuesta, con las voces del pasado, a un problema del presente, de la realidad.

Desde muy temprana edad, Castillo Peraza se esmeró por conocer a fondo la doctrina panista, estudiarla desde sus fuentes originales, completar sus postulados con los de la teoría política, sumar a sus consideraciones aquéllas que iba abrevando de los libros y, a su vez, llevarlas a la práctica a través de la vida partidista. Entendió como muchos lo hicieron en el pasado la imperiosa necesidad de transmitir ese cuerpo doctrinal y esas experiencias a través de la capacitación y la formación; que crear cuadros preparados para defender desde el debate los postulados humanistas es indispensable para producir una clase política que, consciente de la importancia del pasado, sepa enfrentar los retos del presente con sentido de futuro, de trascendencia. El hoy no empieza y termina en el aquí y en el ahora sino que proviene de una historia y es a su vez generador del mañana.

El presente volumen de esta Edición Conmemorativa. Décimo aniversario luctuoso pretende mostrar cómo aquella vocación y devoción por el pensamiento bien estructurado y clarificador rindió frutos que todavía hoy llevan a considerar a su autor como “el último gran ideólogo del panismo”. Último, no obstante, indica fin, y ese mote sin duda habría ofendido al propio Carlos, que pidió fundar nuevas tradiciones desde la tradición heredada, que también dejó escrito que la diferencia entre filosofía y doctrina estriba en que la primera puede quedar a salvo en lo libros, mientras que la segunda requiere difundirse y enseñarse para sobrevivir.

Doctrina e ideología, título con el que decidimos reunir los principales textos de Castillo Peraza sobre el pensamiento de Acción Nacional, es a su vez un esfuerzo para impulsar la construcción de una cultura política que se proponga, desde las filas partidistas, seguir avanzando en la consecución de una nueva victoria cultural, que deberá ser la de la legalidad, la de la rendición de cuentas, la de la transparencia; en fin, la de los valores de la democracia.

La obra se encuentra dividida en tres apartados: el primero incluye tres escritos sobre dos de los fundadores del PAN, Manuel Gómez Morin y Efraín González Luna, como puntales de una obra que perduraría a lo largo del tiempo y que varias décadas más tarde haría posible el cambio pacífico e institucional en México; el segundo reúne aquellos textos en los que el autor, ya sea a través de conferencias o de escritos publicados en la revista Palabra –qué el mismo fundara a finales de los años ochenta–, responde desde el pensamiento y la doctrina a los retos de un partido que crecía, que ganaba poco a poco elecciones y espacio de poder, y que a su vez se enfrentaba a los retos de ser gobierno y al mismo tiempo ser oposición, es decir, los desafíos del pluralismo, de la alternancia, de la generosidad; el tercero contiene diversos escritos sobre la transición de nuestro país a la democracia y los retos que el autor vislumbraba entonces, con atinada precisión, como las siguientes batallas que Acción Nacional debiera entablar: entre éstas, la de un mundo global, la unidad ante la derrota y ante el triunfo, la redignificación de la política frente a la sociedad, entre otras tantas que el lector podrá encontrar mencionadas.

Así, se completa la intención original de esta colección, que es la de mostrar tres facetas de la vida profesional de Carlos Castillo Peraza, la de periodista, la de militante y la de ideólogo, un homenaje a esa clase de políticos que no podían calificarse de “profesionales” porque hacer política, aun a mediados de los años noventa, no necesariamente representaba un modo de ganarse la vida sino, más bien, de contribuir a la movilización de conciencias y almas, de crear un sentido de participación entre las y los mexicanos, de aguardar a que la evolución del país en su conjunto abriera el camino para el nuevo régimen. No se apostó por el cambio radical ni instantáneo, mucho menos por una revolución que ya había demostrado su incapacidad para responder a las demandas sociales: se creó ciudadanía, se construyó desde abajo, se trabajó durante mucho tiempo para alcanzar algo perdurable. El resultado: nuestro actual entramado institucional, aún perfectible, pero necesario punto de partida.

Fueron muchas manos las que participaron de manera activa y entusiasta en esta compilación. En primer lugar, las de Julieta López Morales, que impulsó el inicio de esta idea e imprimió energía y ánimo para que llegara a buen puerto; de igual modo, Julio Castillo López, quien aportó textos recabados tanto en revistas como en grabaciones que habían permanecido en silencio durante décadas. Juan Pablo Castillo López hizo lo propio con manuscritos y fotocopias que requerían ser digitalizados y transcritos para su posterior edición.

Como todo homenaje, el presente es un intento por mantener viva la memoria de Carlos Castillo Peraza, padre de familia, periodista, militante, ideólogo pero, sobre todo, mexicano comprometido con su tiempo y su país, convencido de que el trabajo político serio, responsable y comprometido es el camino –el único en democracia– para alcanzar los grandes cambios, tanto los ya logrados como los muchos que quedan por construir.

Carlos Castillo López




domingo, 7 de noviembre de 2010

Camus: reflexiones breves



Reflejo de las contradicciones más profundas del espíritu y del actuar humanos, espejo de una ruptura en el seno del ser y su intento por hallar una cura, el pensamiento de Albert Camus nació en las calles de una Argelia que vivía a la sombra francesa, se forjó bajo los estragos de las dos afrentas bélicas mundiales del siglo XX y concluyó en un accidente automovilístico en las carreteras galas, el 4 de enero de 1960. El filósofo tenía 46 años, un premio Nobel recibido en 1957 y una obra que aun hoy se presenta actual, vigente, capaz de entregar respuestas sobre temas que siguen siendo un reto para la sociedad global; entre éstos, y sobre todo, la violencia, entonces bajo el título de “revolucionaria”, hoy con el ambiguo mote de “integrismo”.

Con una amplia formación intelectual, Camus utilizó las formas de los diversos estilos de la escritura para conformar una obra que trasciende géneros: ya sea por medio del ensayo, la novela, el teatro, los diarios, la autobiografía o el texto filosófico, prevalece el estudio de la ruptura que representa la irrupción súbita de una violencia entonces inédita –plasmada en sucesos como la guerra de trincheras, el holocausto, la bomba atómica, las últimas luchas coloniales– y sus consecuencias en la parte más profunda del ser, donde todo eso que toma banderas y encuentra justificaciones momentáneas se convierte en experiencia humana, conciencia de que los límites se extrapolan hasta caer en el absurdo, donde sólo quedan los totalitarismos, la libertad sometida en nombre de principios que no representan el espíritu humano sino el interés particular manipulado hasta convertirse en causa final. El hombre de Camus es uno herido, vulnerable, que sabe que la arbitrariedad puede en cualquier momento sacarlo de la calma en la que está instalado para someterlo, coartar su libertad, arrancarle el derecho a ser hombre pleno porque esa fuerza está por encima de toda ley y puede llegar a ser, incluso, la ley misma, sin equilibrios, sin las garantías individuales mínimas.

La cuestión de la libertad es uno de los ejes principales del pensamiento camusiano. La libertad, empero, en sus extremos más oscuros, donde se entabla un debate complejo entre el ser y sus circunstancias y el ser cuya esencia es, por herencia aristotélica, la tendencia hacia el bien. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el bien se vuelve denunciar al vecino que habla sobre su inconformidad con alguna política de Estado (cuando esta política fue, por ejemplo, e independientemente del derecho a criticar en el ámbito público o privado cualquier política o decisión, obligar a denunciar a quien tuviera opiniones contrarias a las “oficiales”), y que además el castigo por esa falta sea ser enviado a un campo de trabajo donde se encontrará, por cansancio o hartazgo extremos, la muerte?


En este caso, el bien se convierte en la denuncia que castigará la libertad de disentir, pervirtiendo su significado al construir una idea del concepto que deja a un lado la naturaleza humana, plasmada en la Carta de derechos universales, y pone por encima al Estado y su interés, ajeno al individuo, que llega a ser sacrificable en nombre de la colectividad. Los valores del pluralismo y la diversidad quedan pues anulados o asociados al mal; la ley se convierte en mecanismo de represión en vez de ser conductora de libertades; la solidaridad es pervertida para atentar incluso contra su origen, la sociedad… el hombre se rompe en su parte más profunda y cae, sin remedio, condenado: en El mito de Sísifo, comienza el primer párrafo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”; y líneas más adelante, refrenda: “lo que se llama una razón para vivir es, al mismo tiempo, una excelente razón para morir”… “Morir voluntariamente supone que se ha reconocido, aunque sea instintivamente… la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento”. El suicidio, para el autor, es ese salto al barranco porque cualquier paso, e incluso el no andar, terminará inminentemente en caída: los valores más profundos se pervierten y toca a la filosofía encargarse de esas cuestiones últimas a las que empuja la propia condición humana, hastiada al punto de elegir su propia destrucción antes que continuar con una vida que por condiciones externas impuestas llega al extremo de desear ser no vivida. Lo pasos que la raza ha caminado en ese sentido aparecen descritos en esa obra, que analiza uno de los límites –la muerte autoinfligida– a los que lleva la violencia, lo que en estas líneas hemos llamado ruptura camusiana.

El otro extremo del dilema de la libertad acorralada es la rebeldía, y esta rebelión es también parte neural de la obra de Camus. En El hombre rebele, “Camus cuestionaba el papel que la izquierda intelectual asignaba a la violencia revolucionaria” (El País, 2/I/10), congruente con una postura que rechazaba por principio cualquier forma de agresión y estudiaba el fondo de las razones que llevan a cuestionar lo injusto-establecido para buscar un cambio por medios que van desde la justificación de la violencia hasta la necesidad de ésta en nombre de un bien mayor, posterior e incierto. La vocación pacifista del filósofo coincide con la condena a las bombas de Hiroshima y Nagasaki, que no merecieron la crítica de casi nadie por haber dado fin a una contienda bélica pero que para Camus es motivo de reflexión, crítica y análisis; se negó, asimismo, a caer en el maniqueísmo de “el vencedor y los vencidos” posterior a la segunda guerra, “interpretando el desenlace de la guerra como una victoria, no de unos países sobre otros, sino de los hombres y mujeres de cualquier nacionalidad comprometidos con la libertad sobre quienes abrazaron la causa del totalitarismo” (Op. Cit). En este sentido, su novela La Peste ilustra mediante la narración cotidiana de los acontecimientos en una ciudad infectada y diezmada por la enfermedad, los extremos, atrocidades y atentados del régimen estalinista contra el pueblo ruso y los países del bloque soviético.

(En la foto: Sartre, Camus, Claudel, Lacan, Reverdy, Picasso, Beauvoir, entre otros)

Para la izquierda francesa de mediados del siglo XX, encabezada por Jean-Paul Sartre, los motivos de Camus son inválidos. La denuncia y el combate contra el régimen deben, si es necesario, tomar mano de los medios que sean útiles a su causa; ésta, por noble o loable que sea, no merece la muerte de uno solo, porque esto tergiversa todo intento de avanzar a una sociedad mejor. No son tiempos de mártires porque el camino de la civilización cuenta ya con otros medios, parece decir Camus: “lo fácil es siempre ser ilógico“, y la búsqueda de una sociedad plural y abierta donde todas las voces tengan su sitio no es precisamente una pesquisa ni sencilla ni de atajos; requiere de la senda lenta pero constante del diálogo, del acuerdo, de la negociación. A los que piden todo o nada la nada los absorbe, porque la premisa sencilla de que los extremos se tocan en sus límites cobra la más clara de sus vigencias. Frente a la violencia que se abrasa, salta de nuevo la rebeldía, ese último resquicio de conciencia donde flota la vida y sus motivos sublimes; tal es el caso de la obra teatral Los justos, donde los motivos de un atentado contra un tirano ceden en el momento culmen ante la posibilidad de matar inocentes, para dar paso a un conflicto en el que se debaten razones de libro y manual contra el asidero de la existencia que mira a los ojos de la víctima y encuentra en ella a su igual, y al reconocerlo como tal es incapaz de asesinarlo.

A la luz de nuestro tiempo, la violencia que Albert Camus estudiara con dedicación y hasta sus últimas consecuencias ha cobrado banderas y nombres nuevos, urgentes en ocasiones porque hay pueblos o regiones donde la injusticia de malos gobiernos plantea dilemas como los esbozados por el argelino, crueles e inhumanos en otras porque la muerte sigue siendo el recurso de muchos alrededor del mundo que toman religiones y nacionalismos como estandarte para justificar exigencias, denunciar abusos, proteger privilegios o expandir ambiciones. La naturaleza humana –contra toda la evidencia del pesimismo a la que puede conducir una realidad que pareciera sustentarse en la costumbre de la violencia, que en ocasiones alcanza los lindes de la cultura a través de los medios masivos como el cine, la televisión o los juegos de video– sigue narrando historias donde la vida prevalece más allá de una mayoría que pareciera elevar las virtudes de la muerte; historias donde el camino complejo de la evolución ha prevalecido sobre la trampa simplista de la condena ciega, donde el otro toma su plenitud de ser y hace posible el ser del yo-mismo, donde el dilema de la libertad encuentra los cauces de la responsabilidad y con ellos la salvación, testimonio de que es posible empatar lo diverso, conciliar los opuestos, hallar la convivencia pacífica que no requiere víctimas ni vencidos sino voluntad de construir desde el individuo hacia la colectividad y desde lo colectivo hasta el individuo.

A 50 años de haber fallecido, Camus sigue siendo faro frente a la nada en la que el hombre pareciera abismarse en ocasiones, respuesta para las muchas dudas que plantea uno de los retos representativos de nuestro tiempo, la libertad: hoy que nuestro mayor bien es también nuestro dilema más complejo.




Bolaño, in memoriam





“En México, y puede que el ejemplo sea extensible a toda Latinoamérica, salvo Argentina, los intelectuales trabajan para el Estado. Eso era así con el PRI y sigue siendo así con el PAN. El Intelectual, por su parte, puede ser un fervoroso defensor del Estado o un crítico del Estado. Al Estado no le importa. El Estado lo alimenta y lo observa en silencio...



“...Por supuesto, esto no siempre es así. Un intelectual puede trabajar en una universidad o, mejor, irse a trabajar a una universidad norteamericana, cuyos departamentos de literatura son tan malos como los de las universidades mexicanas, pero esto no lo pone a salvo de recibir una llamada telefónica a altas horas de la noche y que alguien que habla en nombre del Estado le ofrezca un trabajo mejor, un empleo mejor remunerado, algo que el intelectual cree que se merece, y los intelectuales siempre creen que se merecen algo más. Esta mecánica, de alguna manera, desoreja a los escritores mexicanos. Los vuelve locos...



“...Tu sombra, sin embargo, ya no te sigue. En algún momento te ha abandonado, silenciosamente. Tú haces como que no te das cuenta, pero sí que te has dado cuenta, tu jodida sombra ya no va contigo, pero, bueno, eso puede explicarse de muchas formas, la posición del sol, el grado de inconsciencia que el sol provoca en las cabezas sin sombrero, la cantidad de alcohol ingerida, el movimiento como de tanques subterráneos del dolor, el miedo a cosas más contingentes, una enfermedad que se insinúa, la vanidad herida, el deseo de ser puntual al menos una vez en la vida. Lo cierto es que tu sombra se pierde y tú, momentáneamente, la olvidas. Y así llegas, sin sombra, a una especie de escenario y te pones a traducir o a reinterpretar o a cantar la realidad...



“...Por su parte, los intelectuales sin sombra están siempre de espaldas y por lo tanto, a menos que tuvieran ojos en la nuca, les es imposible ver nada. Ellos sólo escuchan los ruidos que salen del fondo de la mina. Y los traducen o reinterpretan o recrean...


INTERMEZZO MAGRITTE



(breve tributa)


“...A veces un intelectual se desvía y penetra en uno de esos locales y bebe mezcal. Piensa entonces qué sucedería si un día él. Pero no. No piensa nada. Sólo bebe y canta. A veces alguno cree ver a un escritor alemán legendario. En realidad sólo ha visto una sombra, en ocasiones sólo ha visto a su propia sombra que regresa a casa cada noche para evitar que el intelectual reviente o se cuelgue del portal”.


(de 2666, Roberto Bolaño, Anagrama, 2004).





(bolaño muere de bolaño)


FIN




martes, 2 de noviembre de 2010

Tea Party Altanero...

...para quienes encierren el Tea Party en un movimiento conservador...
También hay Tea Party para altaneros...

El primer Tea Party Altanero nació en Londres, cuando Lewis Carrol sentó al conejo, al sombrerero loco y a Alicia en una mesa de teteras y tazas que se complementaban muy ad hoc...

El segundo Tea Party Altanero fue un espacio de rock durante los años sesenta, llamado precisamente Tea Party, en Boston (lugar del primer Tea Party en la historia, muy revolucionario pero con un enfoque comercial de fondo nada altanero), donde entre marzo y abril de 1968 cambió la historia del rock...

El Tea Party era un espacio adornado con luces de colores, estrobos, y latas de sopa Campell, cortesía de Andy Warhol, muy psicodélico todo pues (el álbum más psicodélico de The Beatles, el Sargent Pepper, apareción en 1967), donde debutaron grupos como The Velvet Underground, y Led Zepellin (el link con la historia de este sitio, que incluye los calendarios de toquines, es...
Son representativos de la época los carteles que anunciaban las presentaciones:


(Nota: cualquier otra información sobre el Tea Party no está avalada por el Movimiento Altanero).