jueves, 15 de octubre de 2026

Allen Ginsberg: paráfrasis y emulación

Imagen: Grok

 

Testimonio de una decadencia

Allen Ginsberg, in memoriam


He visto la mediocridad supina de las mentes de una generación derrochar un legado magnífico y sublime.

He visto la nobleza de instituciones y doctrinas sucumbir ante ambiciones vulgares.

He visto enriquecerse a pobres diablos condenados a ser donnadies, a costa de herencias que la estulticia y la ambición degradaron hasta pervertirlas.

He visto decadencias instalarse en el poder y administrarlo entre cómplices abyectos. 

He visto la envidia corroer, empañar brillos, palidecer la luz.

Vi emerger la complacencia de los silencios, el aplauso ante la demagogia, el lucro como medio y, por consecuencia, finalidad suprema de la insensatez.

Vi arder los libros, borrar memoria, enaltecer infamias, la burla de los señalamientos, el gozo de la humillación.

Vi la estrechez y la rabia de voces que se llenaban las fauces de sinsentidos.

Vi tergiversar los significados, enterrar heroísmos y enaltecer vilezas.

Vi a quienes consideré amigos y aliadas regodearse del fracaso propinado, de la mofa y la humillación.

Vi la ruina y la ineptitud coronar falacias y bajezas; vi convertirse la denuncia y el reclamo en rivales que acallar; vi una cámara de ecos repetir insensateces con orgullo y convicción.

Vi la traición a fidelidades añejas y nobles.

Vi un lento derruir de cimientos hasta no dejar nada para forjar legados nuevos.

Vi un imperio caer y la indiferencia de quienes de las ruinas erigían miserias y ruindades como pilares nuevos.

Vi arrodillarse ante sus verdugos e inquisidores a quienes fueron víctimas, a cambio de migajas e inmundicias.

Vi al valor convertirse en cobardía, y el llamado de los recién conversos a emular la nueva ejemplaridad inaugurada.

Vi de frente la decadencia.

Vi a hermanos apuñalar hermanos.

Vi a Caín blandir quijadas sangrientas; vi a Medea regodearse en su hazaña; vi el coronar del mal ladrón; vi a Judas elevarse entre ídolos caídos.

Vi todo esto, y hablé.

Jamás les obsequié mi silencio.

Soy dueño de una voz sin precio.  





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