sábado, 10 de octubre de 2026

Otra vez el Nobel, otra vez sin Nobel


Foto: nobelprize.org


 Lo primero: una confesión


El Nobel de la Paz del año pasado me generó una sincera y franca emoción: galardonar a una mujer que durante años y de forma valiente se enfrentó, junto a miles de venezolanas y venezolanos, al régimen asesino de, primero, Hugo Chávez, y después al de Nicolás Maduro, me pareció, por lo menos, un acto de justicia, de reconocimiento e incluso de protección a María Corina Machado. 

    

    Durante años acompañé, trabajé y contribuía a la formación política de decenas de jóvenes de Venezuela; ahí conocí historias heroicas, crudas y en ocasiones francamente aberrantes de las vejaciones, privaciones y abusos que padecía una oposición muchas veces dispersa, enfrentada contra sí misma y contra sus opresores, traicionada no pocas veces por sus líderes pero que en Machado hallaron por fin un motivo, tardío pero necesario, de unidad.

   

Meses después, lo segundo: la decepción


Machado entrega a Donald Trump la medalla de su galardón unos días después de que el mandatario estadunidense capturara a Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores, en plena noche y con esa narrativa histriónico-hollywoodense de Rambos que incursionan en medio de la noche para salvar a un pueblo de su tirano mayor.

Foto: EFE

     

    La apología de Machado por parte de sus seguidores no se hizo esperar: en resumidas cuentas, lo que hacía, se dijo, era un acto de valentía y reconocimiento que elegía incluso despojarse del premio en nombre de su pueblo, franco sacrificio que prescindía de lo material en nombre de un bien mayor.


    Aquel argumento destilaba por demás ingenuidad, o al menos la ceguera de quienes ya incapaces de enfrentar un monstruo que había crecido sin posibilidad de ser enfrentado, requería un héroe salvador que solucionara de una vez por todas el problema.


    Y el desparpajo trumpista no se hizo esperar: la instalación de un régimen títere que apenas hacía los mínimos esfuerzos por demostrar un cambio real; el secuestro de la producción petrolera por parte de unos EE.UU. que, al más puro estilo guerra fría o invasión a Iraq ya en los dosmiles, solo se interesaba por los recursos que pudiese obtener del país sudamericano.


    Mientras tanto, las estructuras del poder en Venezuela siguen, hasta hoy, intactas, o al menos presididas por la misma segunda línea de impresentables que acompañaron a Maduro, mientras María Corina Machado es impedida por el propio gobierno estadunidense de volver a su país, sin razón clara aparente y sin mayor queja por su parte que esa resignación de quien poco a poco se da cuenta que ni regalar su medalla ni desvivirse en halagos ni ceder ante el nuevo tirano ha sido suficiente para apuntalar y dar aires nuevos a un liderazgo que, prácticamente sin variar su condición de exiliada, ha sido de alguna manera relegada y apartada.   


Lo tercero: el Nobel de la Paz de 2026 


Concedido a la jurista Navanethem "Navi" Pillay, sudafricana y antes integrante de la Corte Penal Internacional quien, de manera sardónica, y ante la noticia y el aplauso que la recibió tras la noticia, inquirió a sus colaboradores a que si no dejaban de aplaudir, le entregaría la medalla a Trump.


Foto: BBC

    La reacción estadunidense no se hizo esperar. Marco Rubio salió a cámaras a señalar que retirarían su apoyo a la CPI puesto que, arguyó, despreciaba los EE.UU. y a Israel; ello, porque Pillay ha sido activa persecutora de criminales de guerra, entre ellos, Benjamín Netanyahu, a quien desde la ONU investigó para determinar que había cometido genocidio en Gaza.



    Y de nuevo, los desvaríos de Trump, quien pronto salió a hacer alguna de sus habituales pataletas por no ser él quien recibiera el Nobel de la Paz este año; y es que más allá de las polémicas que desde siempre desata el tema Palestina-Israel, lo cierto es que al tirano no hay que complacerlo, mucho menos secundarlo en sus caprichos, y como a cualquier tirano, hay que hacerle frente desde los marcos legales, desde la justicia y la normatividad, desde las instancias multilaterales donde que la humanidad se ha dado a sí misma para intentar establecer un mínimo de orden internacional.


    Un triunfo del derecho y la justicia, un premio que reconoce la labor de Pillay y con ella, la de miles de juristas que saben que no se trata de héroes o villanos, de excepciones o sacrificios: es cuestión de legalidad, de la forma en que convivimos, de una ley, unos tratados y unas instituciones que se han construido, precisamente, para no requerir, para frenar o para juzgar a quienes al asumirse salvadores o redentores, pretenden estar por encima de cualquier juicio o condena que se oponga a sus unívocas e "infalibles" acciones y decisiones.


    Un premio que sin duda honra lo que su propio nombre expresa: la paz, pero no en abstracto: la que se construye desde el derecho internacional

     

viernes, 4 de julio de 2025

2 de julio: festejo acomplejado






Poco duró el gusto del festejo acomplejado, casi improvisado, que realizó Acción Nacional del 2 de junio, día del triunfo presidencial de Vicente Fox en el año 2000. 

Celebrar 25 años de ese hecho no es, no debería ser poca cosa, y menos en tiempos de tragedia y fatalidad democrática, según el reiterado y de sobra sobado discurso panista. 


Llamó la atención, de todos modos, el evento. 


Nada de "fiestas democráticas" como las que anuncian en cada renovación interna de dirigencia; nada de encuentros académicos, foros de reflexión, convocatoria a pensar el momento que vive el país, el mundo, el propio partido.


Nada de ello, ni por asomo. Un encuentro vía zoom con el expresidente, una mesa de ocho o nueve personas, una placa conmemorativa entregada vía virtual: como si ese día día, por la mañana, alguien hubiese despertado recordando la efeméride y tras un par de llamadas, comprobado que nadie había pensado en el encuentro.


O quizá sí, pero... ¿Celebrar hoy, el PAN? 

Portal del periódico am, entrevista exclusiva con Fox

  

Pudo ocurrir también que el tema se planteó y se resolvió así: mejor no moverle demasiado; un rato de campañas y promocionales en redes y a otra cosa, rápido. No están ni el ánimo ni los números ni las cuentas a rendir para andar entre celebraciones y festejos.


El caso es que se realizó el bastante simbólico evento y no habían transcurrido 24 horas cuando, quién si no Fox, declaraba en medios guanajuatenses: "el PAN es un desastre, no es lo que México necesita".


Y claro, no deja de resultar jocoso, por decir hasta lastimoso, presenciar estos hechos y ver cómo la deriva panista se manifiesta incluso en aquello que tendría que resultarles más propio, de mayor orgullo, la democracia, que hace mucho tiempo son incapaces de defender, ya no se diga de poner en práctica.


Y así, entre efemérides acomplejadas que terminan en comedias burdas, transcurren los días de los "salvadores" de la democracia.


      

    


lunes, 16 de junio de 2025

LANZAMIENTO EDITORIAL: leer desde los libros el relato de nuestro siglo XXI


PRÓLOGO


En este libro que, como quería Cortázar, es muchos libros se reúne gran parte de ese trabajo: reseñas ordenadas de las más cercanas a las más lejanas en el tiempo; asimismo, una serie de textos que, partiendo del análisis de algunos libros, los engarzan con otros, a veces del mismo autor, para construir ese diálogo entre ideas que da forma a un ensayo.  

El primer capítulo incluye a escritores que, geográficamente, se reúnen en lo que he llamado “Las tres Américas”: la del norte, la del sur y la hispana; el segundo, trabajos que a lo largo de los años abundaron en la obra de autores que, en su momento, fueron clave tanto en el gusto de la época como en 
el personal. 

El tercero y cuarto hacen lo propio con textos provenientes de los países de Europa, usando como línea divisoria el río Danubio; el quinto explora literaturas de un Oriente que empieza en Turquía y culmina en las costas de Corea y China. 

El capítulo sexto planteó, al momento de integrar esta antología, la duda de si era pertinente incluir textos que, alejados del plano literario, abordaban cuestiones relativas a la filosofía, la política y el periodismo, y si no resultaba más pertinente reservarlos para el segundo tomo de este “Corte de caja”, que hará lo propio con textos relativos al pensamiento y la acción política. 

No obstante, al pertenecer al género reseña bibliográfica, me pareció que resultaba el lugar idóneo y, de la mano, demostraba la forma en que el pensamiento político acompaña la labor del autor, moldeando, introduciendo ideas nuevas, añadiendo gustos y descubrimientos y corrigiendo extremos que, en la labor editorial realizada para el presente volumen, fueron matizados y enmendados también de acuerdo con los cambios que ha ido revelando nuestra propia época.

Lo anterior, por supuesto, buscando conservar también las formas y los estilos propios de la escritura, que evolucionan y se corrigen, van hallando lo que quizá podría llamarse “una voz propia”, integrada de lo que a la postre se convierte en un cada vez mayor número de libros, que van llenando espacios, acumulándose en libreros y casas que generosamente también abren sus libreros o sus cajas a una biblioteca errante y dispersa. 

Bibliotecas, libros y lectura conforman, así, el último capítulo, al que se añade un epílogo donde recupero el manuscrito preparado para una edición que se llevaría a cabo con ilustraciones de Gonzalo Tassier, y que el tiempo, los trabajos, los proyectos y la vida nos dejó pendiente: el tema, por supuesto, los libros.

Las reseñas que integran este primer Corte de caja son justo lo que su título anuncia, Instantáneas que, como lo haría la polaroid o el clic en una pantalla, capturan un momento en los últimos veinte años de la producción editorial; un lapso que a su vez refleja un instante histórico específico, cercano, muchas veces aún latente, que sigue proyectando sobre nuestra generación la proximidad de sus huellas y el peso de su legado.

Una crónica del presente a través de la lectura, un espejo de libros donde se proyecta la imagen dispersa, variada y plural del presente, integrada de nuevo en estas páginas que pretenden, en su conjunto, leer desde los libros el relato de nuestro tiempo.


DISPONIBLE EN 


jueves, 29 de mayo de 2025

Elección del poder judicial, entre la apatía y la responsabilidad


Foto: INE

 

El hecho es innegable y conviene asumir que así es y así será: los cambios que permitieron la elección popular de los jueces y magistrados son una realidad que le debemos, en buena medida, al pragmatismo y a la ingenuidad del PRIAN. 


    Si bien varios años de dirigencias sin rumbo ni claridad alguna de ambos partidos merecen comentario aparte, lo cierto es que hubo una reforma judicial y habrá el próximo domingo elecciones para decidir quiénes integraran uno de los tres poderes de la unión.


    Esa es la realidad. 


    Y la realidad, por desgracia o fortuna, ahí está. 


    Ante ella, por supuesto, se puede cerrar los ojos e ignorarla; hacer, pues, como si no existiese y andar por la vida tan tranquilo y campante como siempre.


    Eso sí, pasará tarde o temprano que esa realidad se nos aparezca enfrente y nos diga: “querida, querido, aquí estoy y aquí estás tú también, sumido y condenado a también tarde o temprano enfrentarme”.


    El adolescente dirá: no te necesito, puedo solo, en ese estado que Kierkegaard llamó estético y que es posible sostener en tanto los problemas de la realidad sean asunto a resolver de alguien más.


    El desquiciado se fugará y su neurosis lo llevará a generar una realidad alterna donde él habite y todo lo demás sean solo reflejos vagos de un mundo lejano, distante y ausente.


    En un breve pero profundo ensayo, Aquiles en el gineceo, el filósofo español Javier Gomá Lanzón aboga por la importancia de abandonar la comodidad de ese estadio estético, adolescente, irresponsable, para pasar, palabras más palabras menos, a la vida adulta, que siguiendo al filósofo danés llama “estadio ético”: ese donde somos responsables por nuestras acciones y, por supuesto, por nuestras omisiones.



Foto: INE

    Sorprende así que sean precisamente esos legisladores, esos tomadores de decisiones que a fuerza de tomar algunas francamente pésimas nos tienen en el entuerto de la llamada “reforma judicial” y la elección de jueces del próximo domingo, los que ahora se laven las manos y espeten un sonoro llamado a “no participar”.


    Alegan que la elección es una farsa, que el conteo será una farsa, que las campañas han sido una farsa y que todo aquello que no les gusta resulta también una farsa: farsantes circulares. 

    
    Y bueno, es cierto que poco puede esperarse de gente así.

    Incapaces de lidiar desde hace años con la realidad, perfilan un mundo en el que no existirán las consecuencias de no participar; incapaces también de entender la realidad, pretenden además que todos habitemos ese mundo idílico donde ellos salvan a la democracia, precisamente, no participando.

    La metáfora del avestruz que esconde la cabeza en la tierra cuando el peligro se aproxima es, lo menos, un ejemplo trillado de esa actitud a todas luces infantil, simplista e ingenua, como bien han demostrado ser esos que creen que tomar decisiones es elegir no decidir nada, no hacer nada, quedarse en la queja y la pataleta porque más bien no tienen idea de qué hacer.

    Hubo, en cambio, gente que supo qué hacer.

    Organizaciones de la sociedad civil como Defensorxs AC, entre otras, entendieron que la realidad que vivíamos frente a esta elección presentaba un primer riesgo: a quiénes se elegirá, e investigaron a fondo perfiles, carreras, trapos ocultos y esqueletos en los armarios de quienes se postulan a los diversos cargos.

    Descubrieron cosas terribles, las documentaron y ofrecieron a la ciudadanía plataformas gratuitas para consultar, para facilitar la decisión, para conocer a fondo a quienes buscan impartir y administrar en adelante la justicia en el país.


Foto: defensorxs.com

    Y lo hicieron, creo yo, porque ante una realidad como fue la reforma judicial –que por cierto buscaron antes invalidar por las vías legales–, había que hacer algo más que asumir la ya muy habitual postura de la vieja política de no participo y me siento en la comodidad de mi teléfono a tuitear cuán fea es la realidad.

    Es decir, y siguiendo con Gomá: asumieron un papel activo, útil, servicial y necesario frente a la ciudadanía, mientras quienes cobran mensualmente por servir a la nación resultaron, para variar, francamente inútiles, al punto que han buscado por todos los modos que sus fieles, acólitos y prosélitos sumen también su propia inutilidad y se convierta todo en un gran colectivo de inservibles.

    Y no les han faltado motivos para justificar su no actuar: la complicación de una elección, sí, francamente enredada, aunque también han sido complejos los procesos de alianzas electorales que llevan a tener que pasar meses explicando al electorado cómo votar, es decir, cómo participar.

    O también que no se conoce a quienes se postulan y que los filtros han sido pésimos al cuidar el prestigio y conocimientos de quienes impartirán justicia, también como si tanto PRI y PAN no nos hayan presentado francos criminales a todo tipo de cargos públicos, o algunos inútiles en absoluto, como muchos de los que hoy nos quieren convencer de lo útil de su inutilidad.

    O de igual modo, que no hay certeza en el conteo de votos, que no habrá resultados el mismo día de la elección, aunque este sí me parece un punto válido.



Foto: excelsior.com

    Sólo que, si esa hubiese sido la máxima de la época en que al menos el PAN era capaz de entablar auténticas gestas democráticas –no los remedos de actividad política que hoy ofrece, si es que la ofrece–,nadie hubiese participado nunca, la ciudadanía seguiría padeciendo al PRI, no hubiese existido aquel despertar ciudadano a partir del fraude de 1986 en Chihuahua, que se dio precisamente porque se participó con todos los peros en contra, y un largo etcétera que incluye todas aquellas formas de participación que hicieron posible la alternancia democrática.

    Y sí, es verdad: la realidad en México cambió y ha cambiado a mi entender para mal desde que Morena llegó al poder.

    Tan para mal que muchos consideran que no hacer nada será una manera de cambiar o revertir la realidad que no les gusta o no les parece. 

    Y no, hacer nada trae consigo eso: nada.

    Promover la no participación, clamar a los cuatro vientos por qué no se participará, asumir que de la nada puede surgir algo resulta, así, revestido muchas veces de sesudas razones y elevados motivos, una absoluta inutilidad.

    Tan inútil como ha resultado desde hace varios años y hasta hasta el día de hoy, la vieja política: la del PRI, la del PAN, la de sus corifeos y la de sus aplaudidores.

    Decía un prócer panista: México va a cambiar contigo, sin ti o a pesar de ti. 
    Buen momento para recordarlo. 

        

lunes, 19 de mayo de 2025

Estampas de Francisco: hagan lío

Foto: vatican.va


Un equilibrio en tiempos de desequilibrados: eso fue el papa Francisco. 

    Las siguiente estampas fueron vivencias personales que a lo largo de su pontificado me llevaron a esa conclusión.


1. La noticia

Ferviente receptor de newsletters de periódicos en varios idiomas, un desvelo me llevó a abrir el correo a las tres de la mañana del 21 de abril pasado; tanto el del diario El País de España como el del New York Times, de común los primeros en llegar, ofrecían poco de atractivo. 

    Me dispuse a la lectura de la más reciente biografía de Kafka, a cargo de mi biógrafo favorito, Rüdiger Safranski, siguiendo los consejos de Alberto Ruy Sánchez quien, en Elogio del insomnio, recomienda dejar de pelearse con la falta de sueño para disfrutarlo y llenarlo con aquello que esas horas previas al amanecer son capaces de entregar.

    Preparé café y, previo a abrir el volumen, revisé de nueva cuenta el correo. El breaking news era de las 3:20 am y anunciaba la muerte de Francisco, sin dar mayores detalles. En otras redes, la noticia aún no se esparcía; los datos eran pocos, escuetos. Cerré el teléfono y el libro. Poco a poco, la memoria de ese hombre sencillo, combativo, en muchos aspectos ejemplar, comenzó a manifestarse en recuerdos, en andanzas propias, en la primera frase que recordaba de sus homilías: "hagan lío".


2. Un proyecto fallido

Era el año 2014 e invitado por el Programa Partidos Políticos de la Fundación Konrad Adenauer, viajé a Panamá junto a diversas delegaciones de toda Latinoamérica, para dar inicio a un ambicioso proyecto: "100 líderes para el cambio", que pretendía reunir a una generación de liderazgos políticos de la región que, en unos años, accederían al poder en sus respectivos países.

    La visión del proyecto se anclaba en ese ímpetu que el papa Francisco le imprimía a una Iglesia que, con nuevo vigor, buscaba ser cercana y abierta, una presencia constante en la vida de las comunidades. Y ese mismo espíritu debía distinguir a los partidos reunidos en torno a la democracia cristiana internacional, por entonces –y todavía hoy, de manera notoria– estancados, cuando no en franco retroceso, vetustos en sus planteamientos y sus estrategias, enfangados en glorias pasadas que más que orgullo representaban ya el lastre de legados incapaces de adaptarse el presente.

    La intención era, en pocas palabras, colosal. Se expuso durante varios días, se trazaron estrategias, se asumieron compromisos y regresamos a nuestros respectivos países con un ánimo que poco a poco pasaba, al menos en mi caso, del escepticismo al entusiasmo; un primer evento formativo se llevaría a cabo, en septiembre de ese año, en Querétaro, y consistió en un diplomado que, durante una semana, reunió a unos cincuenta liderazgos jóvenes de la región.

    En esa ocasión, y como parte de la ponencia que presenté, hablé de la cuenta corta y la cuenta larga del calendario maya para ejemplificar los distintos tiempos que debe tener la política en su hacer, en su reflexionar y en su promover valores democráticos en las sociedades de Latinoamérica. 

    Y fue esa frase de Francisco, pronunciada en Río de Janeiro durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2013, el llamado que repetí como cierre de mi exposición: "Chicas, chicos, hagan, hagamos lío en nuestros países, en nuestros partidos".

      Duró poco el proyecto. La política partidista se encargó de desmontarlo y de dar un giro a ese esfuerzo para dejarlo en dos productos que, no obstante, fueron impulsados con gran talento: los diplomados, que se realizaron año con año, y la revista y portal de noticias Diálogo Político.


Foto: nytimes.com

3. Francisco en México

Como corresponsal de Diálogo Político en México, escribí sobre la visita de Francisco en febrero de 2016: una breve nota que daba cuenta de su paso por distintas regiones de nuestro país, las más heridas, las más necesitadas de un mensaje de esperanza.

    Apunté, entre otras cosas, los principales señalamientos que hizo frente a la realidad política y social nacional: "la crítica más urgente fue contra la resignación y la apatía, contra el individualismo y el lujo, contra las falsas salidas que ofrecen soluciones inmediatas que lindan con la muerte, contra el cinismo de quienes se vanaglorian de nimiedades fruto del poder mal ejercido".

    Cinco días en los que "habló frente a la clase política de responsabilidad y servicio; frente a los jerarcas de la Iglesia, exigió dejar de dar respuestas viejas a problemas nuevos; frente a altares erigidos en medio de terregales y miseria, afirmó que con el mal no se dialoga, porque siempre habrá de triunfar; frente a los pueblos originarios reivindicó la multiculturalidad y el valor ancestral de las culturas relegadas; frente a jóvenes católicos, instó a perseguir los propios sueños y a guiar estos lejos de la riqueza vacía o la violencia estéril; frente a empresarios, criticó la cultura del descarte..."

    Incomodando, siempre incomodando lo establecido, lo dicho, lo tradicional, la complacencia de quienes repiten fórmulas ya vaciadas de significado para asumirse moralmente superiores.


4. Laudato Si, la ecología integral

La primera encíclica de Francisco fue publicada en el año 2015. Tres años después, la Fundación Desarrollo Humano Sustentable organizó, en la sede de la Universidad Marista de Mérida, Yucatán, el foro "Las bases del Desarrollo Sustentable", al que fui invitado para exponer algunos puntos de vista respecto de sus principales tópicos; titulé aquella ponencia "Lo humano del desarrollo".

    Mi interés, en ese entonces como ahora, distaba mucho de cualquier aspecto teológico o sacro, y se centraba sobre todo en el ámbito social. La Iglesia católica, más que el resguardo de un credo, me resulta mucho más atractiva como institución, una que es, por cierto y junto con la familia, la más antigua de las que ha creado la humanidad.

    A grandes rasgos, la exposición versó sobre el abordaje filosófico del texto de Bergoglio (la concepción de la persona humana en un entorno que se asumía como parte fundamental y determinante de su ser en el mundo); el abordaje político y comunitario (con la subsidiariedad como pilar de la convivencia entre personas y el medio ambiente), y lo político (con la técnica como aliada en el desarrollo de la humanidad, una técnica alineada a mejorar la vida humana de manera armónica con la naturaleza).

    Ahondé asimismo en las distintas rupturas que se detallan en la encíclica: la de la instrumentalización del ser humano y la naturaleza; la de una hiperespecialización que fragmenta y divide el saber sin ser capaz de reunirlo e integrarlo de nuevo; la relativización de los valores humanistas; y las desigualdades, tema que fue toral y quizá de los más incómodos durante el pontificado de Francisco.  

    Junto con la Fundación Castillo Peraza de Yucatán, y la oficina en México de la Fundación Adenauer, aquel evento me permitió un acercamiento a una serie de ideas que, de manera profunda y compleja, refrendaban aquella convocatoria: hagan lío.


5. Un humanismo político más humano

Y el reto era, al final, llevar a la práctica ese hacer lío, ese incomodar, ese salirse de lo ya sabido para explorar posibilidades que exigen audacia e imaginación. El reto es y será siempre la congruencia.

     La oportunidad para ello llegó poco después, cuando por solicitud del director general de la Fundación Rafael Preciado Hernández, me incorporé a la mesa de diálogo que se instaló con motivo de la renovación del Programa de Acción Política del Partido Acción Nacional: un documento que, sin haberse revisado desde inicios del siglo XXI, ofrecía la oportunidad de trazar nuevos derroteros para un partido que pretendía insertarse de nueva cuenta en el siglo XXI; oportunidad para modernizar lenguajes y causas, para actualizar postulados y directrices, para responder a una realidad que cambiaba y cambia haciendo caducos conceptos que ya dicen casi nada a casi nadie.

     Fue entonces cuando quedó en claro que el conservadurismo parasitario que vive en el PAN no pretendía cambiar nada: simplemente hacer un "lavado de cara" que permitiera ufanarse de modernización cuando lo único que ocurría era repetir las mismas fórmulas vacías, caducas, las que habían llevado, en ese momento y hasta el día de hoy, a un conformismo más preocupado por mantener contento un supuesto "voto duro" que aprovechar ese impulso de renovación y actualización que con su hacer y su decir promovía Francisco.

    En la mesa de diálogo, una mayoría cercana a los ideales del partido Vox en España, ultramontana como aquél, cerrada de mente como aquél, cuando no francamente retrógrada, también como Vox, se impuso ante quienes intentamos dar un giro aunque fuera mínimo a los derroteros de la acción política partidista. 

    Por entonces fue también que escuché de los "referentes ideológicos" panistas que "la función social de la mujer" era la maternidad; de los jerarcas partidistas afirmar que se debía asumir la familia como "la unión entre hombre y mujer con fines procreativos"; de la dirigencia nacional que no se podía hablar en las capacitaciones de "perspectiva de género"... 

    Y así, democráticamente, se impuso la doble moral de quienes defendían un statu quo que veía en Bergoglio una amenaza y un peligro para zonas de confort que buscan defender una tradición vetusta, oxidada e incapaz de hablarle a una sociedad en constante y continua transformación. 

    Se perdió, así, la posibilidad de un humanismo político más humano, uno que pusiera en el centro a personas reales y no el ideal torcido de quienes en lugar de responder a la realidad buscan manipularla para satisfacer intereses reducidos, ínfimos y dogmáticos.

    (Los pormenores de la extrema derecha en el PAN durante ese tiempo quedan pendientes para un trabajo detallado y puntual de próxima aparición).

Foto: rfi.fr

6. La Plaza de San Pedro
    

La imagen de Francisco durante la pandemia fue, por sí sola, un mensaje de inmenso poder: la plaza vacía y lluviosa donde antes habría tumultos; el hombre frente al vacío de un tiempo de miedo, de incertidumbre, de dudas y encierros.

    La imagen de esperanza. La imagen de la persona frente a la nada hacia la que avanza, seguramente con miedo, pero cierto de que seguir andando era entonces, como es hoy, necesario.

  

7. Equilibrios en tiempos desequilibrados

En tiempos de Trumps, Mileis y de Bukeles que disfrazan autoritarismo y dogmatismo con la máscara de la tradición, la libertad o la seguridad. 

    En tiempos de Orbans y Melonis, que se encierran en sus propios traumas y pavores para prohibir lo distinto, lo plural, lo nuevo. 

    En tiempos de Voxes, Frentes nacionales y Alternativas alemanas, que promueven visiones idílicas de pasados ya idos, retrógrados, supremacistas y violentos. 

    En tiempos de extremas derechas parasitando y expandiéndose en México, con sigilo o con cinismo, rastreros y megalómanos siempre, Francisco fue un equilibrio valiente, audaz, abierto a lo diverso, dispuesto a abrazar lo diferente, lo lejano, lo ajeno, lo plural.

    Un equilibrio en tiempo de desequilibrios, desequilibradas y desequilibrados. 

    Una inspiración y ejemplo sobre cómo habitar esa "casa común" de la humanidad.

    Gracias por armar lío y ser ejemplo. 

    Gracias por inspirar.



miércoles, 16 de abril de 2025

Vargas Llosa: habitar la literatura

 


Debió ser en 1999 cuando comencé a publicar reseñas, de libros, de discos, de exposiciones de arte; entre las primeras, La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa, apareció al año siguiente, si mal no recuerdo, en el suplemento “Galaxia Gutenberg” de la revista Este País.

La muerte de Vargas Llosa me trajo esa memoria, junto a la nostalgia que asalta cuando alguien con quien crecimos, y que parecía siempre iba a estar ahí, deja de estarlo y queda en su sitio un vacío lejano pero latente, latiendo.

Repasé sus novelas, las que recordaba haber leído: Historia de Mayta, Paraíso en la otra esquina (la genialidad de entrelazar a Flora Tristán y a Paul Gauguin); los ensayos lúcidos y precisos de La civilización del espectáculo y El llamado de la tribu y, sobre todo, los textos sobre literatura incluidos en La verdad de las mentiras, del que conservo esa consigna, casi con devoción, de que hacemos y leemos literatura porque solo podemos habitar una vida, y aquélla nos permite habitar existencias, andar en ellas, enredarse en vericuetos, crisis o abismos que a otros aquejan como si fueran propios: habitar la vida del otro, ser en otras vidas.

Faltará por mencionar alguno, pero no muchos más.

Frente al boom, y por esos años, me refugiaba en Julio Cortázar o en Carlos Fuentes, a quienes en cambio leía con voracidad y urgencia; tanto García Márquez como Vargas Llosa me parecieron, entonces y hoy, más propios de otra categoría de literatura, más política e histórica, menos empeñada en lo mágico fantástico y más cercana al retrato social y cultural de la región latinoamericana (las vetas abiertas por Juan Rulfo y Juan José Arreola –realidad y ficción– debatiéndose, debatiendo y dialogando).

Caudillos, generales, dictadores y revolucionarios son diseccionados, vueltos a la vida y detallados en sus miserias, sus absurdos, sus contradicciones; el destino de pueblos que se resignan a los caprichos de algún envalentonado, la tragedia de quienes se oponen, las fracturas de naciones que parecieran, en efecto, condenadas a esa fascinación mesiánica que hasta hoy no ha dejado de situar en sillas presidenciales a sujetos autoritarios, corruptos o francamente criminales.

Y pasó que en esa capacidad de retratar esas realidades, esa historia que linda en ocasiones en lo absurdo o lo inverosímil –y por ello se vuelve naturalmente literaria–, tanto García Márquez como Vargas Llosa cosecharon una posteridad galardonada y premiada, mientras Fuentes y Cortázar, como dicen, “envejecieron mal”.

        (Aunque cabe señalar que los últimos aspavientos del Nobel peruano, el “fundamentalismo democrático” (Juan Luis Cebrián dixit) del apoyo a Jair Bolsonaro en Brasil, o el rechazo abierto y acrítico al lenguaje incluyente, tampoco representan una senectud del todo lúcida ni loable. 

Se agradece, en ese sentido y no obstante, el gusto por incomodar, el mismo detrás de aquella “dictadura perfecta” señalada en el momento y lugar precisos). 

No tengo conciencia de la muerte del argentino, sí de la de los otros tres grandes representantes del boom: y en cada caso, el mismo sentimiento de vacío, de ausencia, de orfandad quizá un poco porque se asume, se ejerce y se intenta al menos honrar ese legado, hacerlo vivir de nuevo –devolverle la vida– al acercarse al librero, tomar alguno de los títulos, soplar sobre su filo para sacudir un poco del polvo acumulado y abrir una página al azar para leer una marca, una idea, una cita.

Luego, con el cuidado de cualquier ceremonia o ritual, devolverlo a su sitio y recordar que en esas páginas, entre esas vidas y esas letras, alguna vez se fue feliz. Porque también en esos espacios, en esos paisajes y con esos telones de fondo, se aprendió a habitar la literatura.


lunes, 13 de noviembre de 2023

Geografías bibliográficas






Hay libros a los que es mejor llegar tarde: las novelas en boga, los análisis sociopolíticos que se anuncian como categóricos, definitivos o reveladores, las filosofías que tratan de atrapar el instante en una teoría que todo lo intenta –y a la postre casi nunca termina por– abarcar.

En la bibliografía generosa, extensa y como todo listado de libros, ventana a nuevos libros que hace falta leer, hallé otro aún más antiguo, al que también llegaba tarde, de esos a los que involuntariamente se llega tarde casi siempre por falta de conocimiento acerca de su existencia. Aunque es necesario, por honestidad, señalar que el América de Mailer, que recomendaban Ziblatt y Levitsky en Cómo mueren las democracias, lo había adquirido hacía años, cargado por casi el mismo periodo y salvado de caer en algún apartamento donde la biblioteca tomó el espacio habitable y poco a poco ha expulsado, o al menos invisibilizado, a sus ocupantes. 


Fue inmediata la sinapsis entre recomendación y catálogo bibliográficos (esos libros que he llevado conmigo y que, también, se multiplicarán hasta amenazar a sus actuales cohabitantes); lo extraje de la parte más baja del librero para insertarlo en alguna de las mesas donde se acumulan los que toman turno en la lista de las lecturas cercanas. Pasaron unos meses, llegué a él. 


Y transcurrió revelando justo aquello que los autores señalaban y que yo buscaba en sus relatos: la decadencia del waspismo estadunidense durante el último quinquenio de los años sesenta del siglo anterior. La prosa de Mailer, precisa en adjetivos, en psiques y descripciones de partidarios de una fuerza política que, en sus palabras, se asume servidora de una nación a la que venera, defiende y protege como un dios.


El libro ventana, el libro disparador, lo adquirí primero en su idioma original, traído por paquetería aérea, y lo perdí en alguna de esas mudanzas que dejan detrás alguna caja olvidada con ejemplares que algún día podrán reunirse bajo el mismo techo; lo adquirí de nueva cuenta en alguna librería Educal de algún aeropuerto. He olvidado cuándo o dónde adquirí América, la única referencia clara es que fue antes de la pandemia y el confinamiento.


           

Ambos ejemplares se sumaron a un año en que la historia gringa se manifestó a lo largo de los meses, ya fuera en las investigaciones sobre la resistencia civil de Rosa Parks y Martin Luther King, en las series 1883 y 1923 (Yellowstone, apenas la inicié, me pareció somnífera) o en un tomo de historia a cargo de Erika Pani y editado por el Colegio de México, todo ello fruto de lecturas laborales. 


Como accidental inicio, la película Hair, por la primavera de este año, figuró en la cartelera de la Cineteca Nacional, y aunque los musicales (en cine o teatro) me resultan, con honrosas excepciones, francamente somníferos, historia obliga; y ya por estos días de noviembre, todo parece señalar que fue ahí cuando se desató ese ocasional acercamiento. 


Se suman, de entre las lecturas que ya abandonaron el librero para tomar turno durante los meses siguientes, un recorrido por el liberalismo norteamericano, obsequio del académico cubano Armando Chaguaceda, tras una caminata que nos llevó de las ya olvidadas y abandonadas oficinas de la revista Bien Común en la colonia del Valle de la Ciudad de México, a las librerías de Coyoacán, donde terminamos una charla exquisita de la que nació una colaboración esporádica pero fraterna.


Así este año y la incursión al norte. 


Así unos días de libros.