sábado, 7 de mayo de 2011

Ernesto Sabato, in memoriam

Abrir los archivos y encontrar los textos de hace una década, acerca de La resistencia, de Ernesto Sabato, en una revista y un periódico editados en la península yucateca: La Revista Peninsular y El Diario de Yucatán...


La necesidad de una resistencia

En 1909, el escritor italiano Tomasso Marinetti dio a conocer, a través del periódico Le Figaro de París, el Manifiesto Futurista, documento en el que sentaba las bases de un movimiento artístico renovador, radical, que buscaba romper con lo establecido, con aquello que llevaba al arte a ser un espacio de contemplación y calma, para así lograr una estética innovadora, basada en la “belleza de la velocidad”, en la admiración por la carrera armamentística y en el dinamismo creciente de la industria de aquella época.

Esta corriente vanguardista, actual y de moda en Europa hasta la Segunda Guerra Mundial, impulsó a los primeros artistas “modernos” a crear una ideología referente a cuestiones que sobrepasaban los límites del arte, con la intención de tomar adeptos entre las masas para glorificar la guerra, –la única verdadera higiene para el mundo- el militarismo, el patriotismo… las hermosas ideas que matan y el desprecio a las mujeres[1], al tiempo que proclamaban, un año después (1910), la destrucción de museos y bibliotecas por ser los sitios donde se rendía culto al pasado.
El futurismo influenció a la escritura, cuyo estilo se torna onomatopéyico (expresa con “palabras” diversos sonidos) y dadaísta (se escribía intentando imitar los collages); también tuvo presencia en la pintura (“El grito”, de Edvard Munch, es un ejemplo de la estridencia que se buscaba), la escultura y la arquitectura (Boccioni y Sant’Elia redactaron los manifiestos correspondientes), aunque su principal adepto lo encontró en la política: en 1918 fueron publicados el Manifiesto del partido político futurista y el libro Más allá del comunismo, textos que reunían toda una ideología de gobierno de corte socialista y exaltaban, por otra parte, la violencia, el “placer por los botines”, el movimiento agresivo, el individualismo desesperado y la guerra. Al final, el pensamiento redactado por Marinetti jugó un papel importante en el expansionismo italiano, que devendría poco después en el fascismo encabezado por Mussolini[2]. Asimismo, la ideología futurista legó elementos fundamentales al nazismo, tal y como puede apreciarse en muchos de los preceptos descritos líneas arriba.
Actualmente, gran parte de aquellos pensamientos que exaltaban el ruido, la prisa, las particularidades, lo bélico, el olvido del pasado y la sustitución de éste por los avances de la entonces creciente tecnología aparecen como cotidianos, como parte de cada día, del momento en que nos sentamos frente al televisor y nos olvidamos del otro, o del instante en que preferimos una plática frente a un monitor, con la que absurdamente se intenta sustituir la presencia física de otro ser humano. Es decir, cada vez nos parecemos más a la sociedad que el futurismo deseó –y en ocasiones anticipó[3]- como realidad y, en algunos casos, ya vivimos la total representación de una ideología que fue el principio de uno de los acontecimientos más deplorables de la historia de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial.
No obstante lo que el siglo XX ha traído con el avance de la ciencia, y del presente que es un reflejo casi total de la moda de hace poco más de cincuenta años imperó, quedan siempre los legados de la historia, la experiencia antigua como aviso del camino que nuestro “desarrollo” peligrosamente transita o, en el peor de los casos, las voces calladas de millones de hombres y mujeres que perecieron en nombre del nacionalismo, la expansión territorial y todos aquellos motivos que impulsaron a los protagonistas del nazismo y el fascismo a crear regímenes de terror.
También a manera de señalamiento contra lo que hoy en día sucede en las sociedades “modernas”, contamos con la literatura, con los pensadores que refrescan la memoria y recuerdan lo que la mayoría prefiere arrinconar en el olvido… Escritores que se dan a la tarea de prevenir lo que ya en una ocasión sucedió –en las mismas condiciones que hoy día se presentan– para evitar que se repitan las atrocidades del pasado con base en los problemas que en nuestro tiempo desmembran a las sociedades.
Uno de estos autores es el argentino Ernesto Sabato que, en su libro La resistencia[4], analiza cada uno de los aspectos que en nuestros días han logrado el aislamiento, el individualismo, la sustitución del silencio por lo estridente, la constante ausencia –y pérdida– de memoria histórica, la prisa que impide la contemplación pasiva, así como los defectos de una globalización que avanza en beneficio de lo actual y olvida a quienes, muchas veces por injusticias o desventura, parecen estar condenados a no ser parte del mundo moderno, del desarrollo que otros gozan y las ventajas que tal fenómeno trae consigo.
Así, el libro de Sabato es un llamado urgente a nuestra capacidad de soportar, a una resistencia que día a día debemos llevar a cabo para evitar caer víctimas de una realidad anticipada hace casi cien años pero que, ante todo, conjuga las carencias actuales con una tecnología que va más allá de lo imaginado. Asimismo, el argentino resalta y marca la necesidad de “la búsqueda de una vida más humana [que] debe comenzar por la educación”, para que lo nuevo no se tome como novedoso, cuando en verdad fue parte de una ideología –el futurismo- pensada y difundida años atrás.
Un grito mudo que calma silencio en medio del creciente ruido; una mención de unidad cuando los todos son partes dispersas. “Un mensaje esperanzado al océano de individualismo y pobreza existencial en el que navegamos”. En fin de cuentas, someter a la reflexión todo aquello por lo que nos aislamos, pero, sobre todo, la enseñanza del recuerdo, de la historia y su herencia, para “evitar cometer en el presente los errores que otros cometieron en el pasado”.
Agosto 2000


[1] Filippo Tomasso Marinetti, El manifiesto futurista
[2] Cabe mencionar que Mussollini fue discípulo de Marinetti, quien enseña al dictador italiano la premisa fascista “arriba y adelante”.
[3] Ejemplo de lo que el futuro traería como actualidad fue El mundo feliz, del escritor Aldous Huxley, perteneciente a la corriente artística en cuestión.
[4] Ernesto Sabato, La resistencia, Editorial Seix Barral, Argentina, 2000.
Borges y Sabato, en Buenos Aires.

Resistir al tiempo moderno

Hace algunas semanas se conmemoró la aparición de uno de los análisis más profundos, puntuales y acertados que la literatura mexicana ha albergado en su historia: El laberinto de la soledad cumplió cincuenta años de haber entregado al lector la descripción cronológica que de la sociedad nacional llevó a cabo Octavio Paz, al tiempo que el Premio Nobel revelaba uno de los conceptos fundamentales para el desarrollo de cualquier pueblo que se entienda como “el conjunto de personas de un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición en común”: el otro.

La idea, y específicamente la realidad del “otro” son las bases inamovibles de una nación; asimismo, son los pilares que sostienen la vida en común y la convivencia con el prójimo sin anteponer los intereses particulares a los colectivos.
De esta forma, hombres y mujeres conciben su existencia, su ser y su persona no sólo como una individualidad aislada, sino como el elemento primordial de la sociedad que, junto a otras mujeres y hombres, funda las raíces, el tronco y las ramas de las asociaciones humanas. En su más reciente obra, La resistencia, el científico y literato argentino Ernesto Sabato afirma también que “es el otro el que nos salva”, sin embrago advierte que en nuestra modernidad este concepto es presa del olvido, de la victoria de lo particular sobre lo universal que se presenta en guerras étnicas que buscan separar en vez de unir, de la televisión que priva al espectador de la convivencia y la charla para sumirlo en un mundo que únicamente se comparte con las imágenes de la pantalla; o de las computadoras, el Internet y los “chats”, que llevan a relacionarnos de manera abstracta con el mundo, a sabiendas de que “es ahí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida”.
La resistencia encierra entre sus páginas un análisis pormenorizado de aquellos elementos que poco a poco han logrado la desmembración de la unidad humana, presente día a día: el ruido de la ciudad que paulatinamente cierra el oído y le hace requerir mayor intensidad para escuchar mejor; la tecnología que avanza rápida, voraz, y crea adaptaciones bruscas de la sociedad ante la técnica producida por el propio hombre; la pérdida de memoria –que es la historia- cuyo recuerdo evita reincidir en los errores que tiempo atrás se cometieron; la prisa por llegar y terminar antes, que invita a apartar los detalles por ser éstos de poca funcionalidad, a suprimir el cuidado y la observación tranquila para sustituirlos por la medida de un tiempo utilitario, redituable y generador de ganancias.
Sabato también aborda algunos de los problemas sociales más preocupantes de nuestra época: el agnosticismo -doctrina que invalida toda noción de lo absoluto- y el ateísmo -calificado como una novedad de los tiempos modernos- que elimina el concepto de un Padre que nos haga sabernos hermanos y justifique nuestra fugaz estancia en la tierra como parte de una historia que es la nuestra y a la vez la de todos.
Ante estos y otros los conflictos de nuestro tiempo, ante los valores que se pierden y se modifican al servicio del interés particular, ante la multitud que calla la voz de cada cual, ante el aniquilamiento de los mitos (que es la antesala a la precipitación de la sociedad), Ernesto Sabato nos invita a resistir, a oponer una fuerza que frene el avance desmedido y nos devuelva el sentido de pertenencia, de entendernos como parte de algo que muchos más comparten en cuerpo y alma… A ser, en fin de cuentas, algo más que un fragmento desperdigado en una globalización que, lejos de unir, impone la línea para acceder a un sistema mundial cuyos resultados aún dejan mucho que desear.
Así, La resistencia reúne en cinco ensayos –cartas- una crítica a las necesidades prescindibles que transformamos en vitales, a los valores actuales que nada semejan con los antiguos, a los conceptos que alentan la victoria de un supuesto mal sobre un supuesto bien, a los principios de ética y moral que se olvidan en la enseñanza y son primordiales para la vida en comunidad. El último de estos ensayos, titulado “La resistencia”, proclama que mientras exista la decisión de caminar contra la corriente devastadora habrá posibilidad de soportar, de hacer de los obstáculos nuevos caminos, “porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”.
Resistir y no acostumbrarse. Entender que la modernidad consume al individuo y lo separa del otro. Hace casi cien años, la corriente de pensamiento llamada futurismo anticipó los problemas de nuestros días y rindió culto a las máquinas, a la velocidad, al ruido estridente, a la supresión de lo universal por lo personal, al olvido de la memoria que fue manifestada con quemas de libros en las calles. El ideólogo de tales conceptos fue el italiano Tomasso Marinetti -maestro de Benito Mussolini- que en la dictadura italiana de 1929 pudo llevar, gracias al fascismo, su doctrina a la realidad. Después, el sistema de gobierno del Duce sentó las auténticas bases del nazismo y de las atrocidades que bajo su bandera se cometieron. Hoy en día, esa modernidad que tanto celebramos y calificamos de “maravilla” ha enarbolado los mismos elementos que el futurismo, y el resultado no es todavía visible en su totalidad.
El grito de Sabato en favor de la resistencia no es solamente la revelación del reflejo de nuestro tiempo… Es un llamado para evitar que la prisa arrastre consigo la sencillez de nuestro derredor -que encierra la más grande complejidad-, para que la maravilla de sabernos uno en el núcleo del todo sea más que una idea y, quizá lo más importante, para que el olvido y la indiferencia ante el otro no devengan también en el olvido y la indiferencia ante nosotros mismos.
Octubre de 2000

Del pesimismo a la realidad

A veces, la realidad se acerca mucho a lo que algunos podrían llamar pesimismo: encontrar en el universo toda la imperfección posible y, tratándose de filosofía, creer que en una parte (o en la totalidad) del mundo sucede lo peor... Término sajón nacido en Inglaterra en el siglo XIX, pero expresado de alguna forma por Diógenes, por la fuerza irracional de Schopenhauer y por tantos que en algún momento concluyen alguna posibilidad cruda pero reconfortante: “podría ser peor”. La imaginación humana no tiene límites; tampoco los tienes la capacidad de imaginar algo peor: el Futurismo, como corriente y como línea de pensamiento ideada por Tomás Marinetti, ha sido un espacio de la Historia en que se dio tiempo para pensar cómo serían después las cosas; el fascismo y el nazismo cubrieron la distancia más próxima a su culminación: lo peor de pronto se asemeja en exceso a la realidad, la toma, la aborda, la asimila y aquello peor se torna ordinario por un instante, un presente momentáneo que luego se incluye en la Historia, por la memoria y evitar repetir los errores del pasado(?). Quizá lo que inunda nuestro paso como humanidad son esos opuestos demasiado lejanos, tan ajenos al hombre como lo sería la muerte misma: el Holocausto y el régimen del Tercer Reich, la Italia negra de Mussolini, genocidios como el de Ruanda, las hambrunas africanas, las atrocidades de los Balcanes en la última década del siglo XX, los asesinatos de mujeres en Afganistán, los desaparecidos de las guerras sucias, las dictaduras latinoamericanas, la infamia y la cobardía del el terrorismo, el racismo, enfermedades incurables y destructivas, el envenenamiento de seis litros de agua cada vez que una colilla de cigarro cae en una alcantarilla; los problemas ambientales que cada vez ponen más en riesgo el equilibrio natural de la tierra, o los de una ciencia incapaz de solucionar los problemas que encuentra y plantea; una filosofía inexistente y que da lugar a las modas, sin dejara nada postrero, sólo moda y su legado de “temporada”, efímero y perecedero. Cierto es que la realidad también se compone de otras realidades y otros sueños y que lo enumerado son instantes deprimentes, pero es preocupante cuando por un momento histórico imaginar algo peor es imposible, porque eso peor aniquila la imaginación humana, la transforma en una nada, la asesina o la calla, la incendia, la vuelca hasta humillarla y es su antítesis. Cuando el pesimismo se consuma sólo quedan tumbas, los límites franqueados de la razón, del sentido común, de la vida, y el paso de la humanidad por el mundo se encuentra plagado de tiempos y situaciones que escapan a imaginar algo peor, y sin embargo algo peor sucede después, o por lo menos así ha sido –históricamente- hasta el día de hoy.


Ernesto Sabato, en La Resistencia (Ed. Seix Barral), expone algunos de los conflictos que socialmente afectan a los hombres de nuestra época y propone resistir, afrontar un ahora cambiante que se desgasta en una etapa de evolución marcada por numerosos horrores; un ahora que muestra su máscara más ambigua y falsa, producto de una etapa de acomodos que no escapa a las leyes de la física: todo cambio produce un desgaste. El autor argentino da voz de alarma ante la funcionalidad, ante la utilidad por encima de la estética, al perfil apresurado que asume el ser ante la prisa de la modernidad; señala también el aislacionismo, la individualidad que nos separa del otro[1] y nos encierra cada vez más: primero la presencia por la epístola, luego la epístola por el mensaje, el mensaje por el teléfono, el teléfono por el chat. Al final, Sabato afirma: “Nuestra cultura está mostrando signos inequívocos de la proximidad de su fin. Sin tregua se ve obligada a reinventar noticias, modas o nuevas variantes, porque nada de lo que extrae de sí es perdurable, fecundo o sanante... Así nos está pasando, confundimos noticia con novedad. Lo decisivo en no creer que todo seguirá igual y que este modo de vivir da para rato”.

Por su parte, el colombiano Fernando Vallejo se dedica en un par de obras a escrutar los problemas sociales que aquejan a ciudades como México o Bogotá, donde las contradicciones de la riqueza mal repartida se refleja en uno de su más fieles espejos. De un tono crudo pero sincero y dejando atrás los motivos históricos para enfocarse en el presente, La virgen de los sicarios –también llevada al cine– narra la historia de la juventud colombiana dedicada a asesinar a sueldo y víctima del tráfico sexual, todo inmerso en una sociedad que se presenta descompuesta y con lo peor asimilado lentamente: Ante el crimen perpetrado contra un hombre, una mujer grita alarmada y el protagonista pregunta: ¿Por qué grita, señora? Si lo común aquí es que a la gente la maten. El sicario para morir nace, y esto pone a la vida como un simple medio para llegar a un fin, el fin. Otro título, El desbarrancadero, describe la vuelta de un hombre a la casa familiar para acompañar a su hermano en los últimos días de su agonía, quien aguarda a que “el horror de la Muerte viniera a librarlo del horror de la vida”. A la vuelta, el protagonista recorre la memoria de la infancia mientras un Medellín colmado de inseguridad se abre ante sus ojos; sarcasmo y comentarios crudos pero reales surgen de ese andar y esa memoria confluyendo y espantada ante lo que mira: el día a día que acaece en las metrópolis donde la justicia es la de la mano propia, la que condena a quien no pueda someterse a la ley de la calle, la ley del más fuerte... Los dos autores y las tres obras tienen como fundamento el presente y nada más. Sabato lo analiza y pide resistir, disentir; Vallejo se burla de él y celebra los absurdos con especial ironía, quizá con afán de hacernos ver la incoherencia visible en tantas partes: “Pero el país funciona bien. Con mordida todo fluye: el tráfico de los carros, la venta de electrodomésticos, la circulación de la sangre... los pasaportes de los que viajan, los entierros de los que se van... La mordida es un invento genial. Como la rueda” (en referencia a México).
La realidad da para mucho, y quizá más para describir y analizar que para imaginar, porque si la imaginación humana ha llevado al hombre a cimas tan bajas, ¿qué más se puede esperar? Algunas cifras de nuestra América para confirmar que tal vez la novela más triste es la que se vive afuera, aquí, la que no vemos, la que también ocurre en alguna parte pero se oculta y se revela en cifras, tan ambiguas por limitadas en algunos casos:
1) Brasil.- Al menos 5 mil 369 niños y adolescentes están al servicio de grupos narcotraficantes, que los utilizan para traficar drogas sin levantar sospechas (no pocas ocasiones con el consentimiento de los padres); el 90% consume marihuana, el 15% cocaína, además de una modalidad recién descubierta: inyectarse lodo produce los mismos efectos que hacerlo con “crack”.
2) Colombia.- De los dieciséis millones de menores de edad que hay en Colombia, uno de cada tres vive en la miseria. Casi dos millones de personas han sido desplazadas por conflictos armados, de las cuales el 70% son niños mujeres y ancianos que habitan en los cinturones de marginados que se conglomeran en trono de las ciudades.
3) México.- En cuatro años, la explotación sexual de menores aumentó de 21 entidades a 31; las principales redes de explotación se encuentran en Tijuana, Cancún, Acapulco, la ciudad de México, Guadalajara y Yucatán.*
Pero también es cierto que la realidad tiene dos caras, y una frase del cantante y cineasta argentino Fito Páez reza: “El mundo es muy cretino pero puede ser divino”. El otro lado, donde la imaginación camina hacia la belleza, también tiene la esperanza, el anhelo, los sueños... Si el pesimismo es tan cercano a veces a la realidad y llega a transformarla en muerte, la resistencia debe detener, escollar el paso hacia ese desbarrancadero al cual nos acercamos como humanidad. Dejar que el pesimismo sea sólo una posibilidad remota, no un presente que se asoma de cuando en vez, y cada vez un poco más.

Mayo 2002


[1] La idea, la concepción y la aceptación del otro, de lo distinto o lo que viene de fuera, es uno de los más grandes logros de la humanidad. Es curioso notar cómo aquellas culturas que tienen contacto con otros pueblos y otras visones de la realidad han sido las más avanzadas de la historia: Europa desde Alejandro Magno hasta la Unión Europea, los califatos en España, el saber albergado de los muros de Alejandría, las bibliotecas persas destruidas por Atila... Octavio Paz afirma que la conquista de América fue posible, entre otros factores, porque el indígena mesoamericano no tenía en su cosmogonía la concepción del otro, ya que su conocimiento de otras culturas no iba más allá de los límites de América. El conquistador sólo cabía en la concepción de Dios, que llegó a derrumbar los ídolos y con ellos la expresión colectiva, pues el arte anterior a la llegada española no era, como en el Viejo Continente, una visión particular, sino la voz de todo el pueblo. El otro y su acercamiento a diversos otros hace que lo particular termine fundiéndose en un nosotros hasta quedar asimilado: es conocimiento, riqueza, una puerta a universos y lenguajes que desde distintos enfoques contribuyen, complementan, corrigen o dan una opinión paralela a nuestra realidad.
* Cifras tomadas de Reforma (28-29/04/2002), Revista El País (marzo 2002).

miércoles, 4 de mayo de 2011

Michel Onfray: altamente altanero




Guardaba ya varios de sus libros, editados todos por Anagrama, pero aún sin tiempo ni decisión para ahondar en ellos.

Me decidí cuando hace unas semanas encontré en la mesa de novedades uno llamado Política del rebelde. Tratado de la resistencia y la insumisión. El título me atrajo de inmediato, y comparto los subrayados que quedaron tras una lectura que a cada página me hacía abrir los ojos con el asombro que deja un gran hallazgo, lejano a mucho de lo leido pero cerca de lo que ha madurado en los últimos años.

Van pues los fragmentos, que agrupé en los siguientes subtemas:

1) Sobre el individuo vs. la masificación;
2) Sobre la religión económica;
3) Sobre el yo;
4) Sobre el humanismo;
5) Sobre el poder;
6) Sobre la estética.

Son, en conjunto, una invitación para ahondar en un autor que cae en la nominación de "altamente altanero".



SOBRE EL INDIVIDUO VS. LA MASIFICACIÓN

"En estos mundos en los que triunfa el culto de los ideales, de universales generadores de mitologías –totalitarias o democráticas–, el individuo pasa por ser una cantidad despreciable. Únicamente se lo tolera y celebra cuando pone su existencia al servicio de la causa que lo supera y a la que todos rinden culto".


"Hay que instalarse más allá de todas las consideraciones jurídicas que serían válidas para los grupos y sólo para ellos, en detrimento de las individualidades que los componen. Allí donde los realistas legislan para el hombre en general, para el sujeto de derecho, el nominalista prescribe lo que permite estar lo más cerca posible de las individualidades, la particularidad, definidas en sí mismas y no en relación con una totalidad en la que fundirse. Al centrar su interés en el individuo, el nominalista evita la producción de juridicidad en todo, a propósito de todo, en todas las ocasiones, para todas las circunstancias. El exceso de derecho mata el derecho".


"Toda negativa a poner la política al servicio del individuo, acompañada de la empresa inversa de someterlo permanentemente a aquello que lo digiere, todo eso actúa como nuevos golpes de pico y pala que aumentan el tamaño del agujero negro que describe Primo Levi".



SOBRE LA RELIGIÓN ECONÓMICA

"El trabajo debe ser sufrimiento para los que lo tienen y maldición para lo que no lo tienen. De esta manera se impone la ideología dominante del ideal ascético: los que lo padecen carecen de medios para escapar de él y los que lo desean carecen de la posibilidad de acceder a él. Mientras tanto, todos sufren por él y para él".


"Terminar con esta religión de la economía que hace del capital su Dios y de los hombres sus simples devotos... Por eso es necesario promover un ateísmo en esta materia, al menos confinar la economía en los límites estrictos de los medios, nunca en los fines. La economía ha de servir ella misma y dejar de exigir que se la sirva. Para ello tiene que someterse a lo político, cuando lo cierto es que desde hace demasiado tiempo la política actúa como sierva de la economía".


"La sociedad sin clases equivale a una ficción, no sólo imposible, sino tampoco deseable. ¡Que se multipliquen las diferencias! Y, en la medida de lo posible, que se las estimule, naturalmente. Pero no las desigualdades, esto es, la explotación económica de esas diferencias".


"Los economistas han tomado el relevo de los teólogos a la hora de hacer la ley. El desencanto del mundo se debe al abandono de un principio, la divinidad, en provecho de otro, la riqueza, aunque de hecho sigue triunfando el ideal ascético, que, sean cuales sean los dioses a los que se destinan los sacrificios, reclama con el mismo frenesí la perpetua, legitimada y justificada expiación que es el trabajo".


"A los ojos de los defensores del economismo, es delito de lesa majestad cuestionar la verdad del dogma. Su argumento supone siempre que la ignorancia que se tiene de los delicados engranajes de la economía es tanta que impide decir nada con fundamento sobre el tema, como si, para tener derecho de ser ateo, hubiera que ser antes doctor en teología".


"Sin espíritu de resistencia que se oponga, el totalitarismo de un pensamiento uniformizado, una economía monoteísta y el fin de la historia terminarán por imponer rápidamente su ley, haciendo realidad una dictadura incomparable con ninguna otra del pasado".


"La técnica no es buena ni mala en sí misma; su uso es lo que determina su excelencia o no. Desde este punto de vista, hay que recibir de buen grado y desarrollar todas las nuevas tecnologías que permitan economizar, o directamente evitar, todos los sacrificios de la dignidad a los que en el modo de producción capitalista se consiente en general. El sometimiento de la máquina no sólo al interés del propietario que tiende exclusivamente a su provecho y su beneficio, sino también al alivio de las tareas, incluso la disminución del tiempo de trabajo, la reducción de los trabajos penosos e incluso su total desaparición supondría una ética interpuesta entre el maquinismo y la producción ciega; y cada triunfo de esta ética equivaldría a un retroceso de la ideología de los devotos de la religión del capital".


"Trabajar menos, mejor y de otra manera, distinguir entre el ingreso y la cantidad de trabajo, todo eso debe tender a una economía puesta al servicio de los hombres y de su liberación, de su reapropiación de sí mismos. Es imposible expresar mejor la posibilidad de un proyecto político hedonista en el que la economía se convierta en fuerza positiva y no en esa ciencia de lo lúgubre que es siempre en su modalidad liberal".


"La fuerza se distingue de la violencia en que la primera sabe a dónde va, mientras que la segunda se somete a las pulsiones salvajes que la habitan. El capitalismo es una violencia, la política es una fuerza. Y ésta constituye el único remedio válido para aquél".



SOBRE EL YO

"Emancipado de todo ataque escolástico y teológico, el individuo que se presenta en Mayo del 68 se define menos por su relación con el trabajo, la familia, la patria, la sociedad y el Leviatán, que por la relación consigo mismo. La autonomía, en sentido etimológico, es decir, la capacidad de ser para sí su propio fin, su propia causa y su propia razón, aparece como la búsqueda esencial de todo individuo que se sienta involucrado por los acontecimientos de esta época".


"Es una alegría encontrarse ante uno mismo, sin la obligación de determinarse con relación a un tercero. Pero para quienes no se preocuparon por dar contenido a esta forma vacía, el acceso a la nueva identidad fue más un motivo de vértigo, de aturdimiento e incluso de náusea, que de goce. Algunos no se recuperaron nunca".


SOBRE EL HUMANISMO

"El humanismo de los derechos del hombre actúa de acuerdo con el principio de una máquina de captar las energías revolucionarias con el fin de transformarlas en compasión, simpatía, condolencia y otros sentimientos que eximen de atentar contra el orden del mundo, pese a ser precisamente ese orden el origen de las miserias sucias".


"El anuncio de la muerte de Dios que lanzó Nietzsche y el de la muerte del hombre que pronunció Foucault dejan el terreno expedito para un nuevo nacimiento en el que el humanismo y los derechos del hombre desaparecen... La exaltación de Dios y la divinización del hombre no han producido realmente otra cosa que alienación y sometimiento, empobrecimiento, menoscabo de los individuos, su sacrificio en los altares de leviatanes multiplicados".


"Se puede trazar con un dedo febril el perfil de una nueva figura: el individuo soberano. La muerte del hombre y la superación del humanismo adquieren sentido en esta perspectiva del reino de la nueva figura... Dirigir las fuerza reactivas hacia las cristalizaciones humanistas que reivindican más decencia, justicia, consideración, dignidad. Sin embargo, se contentan con proclamaciones de buenas intenciones, impidiendo ir más allá, mediante la operación y método genealógicos, para descubrir de dónde vienen esas miserias, de dónde provienen esos dolores, de qué fuente emana esa negación, cómo se podría atacar el problema en su raíz, que es donde los nietzscheanos querrían tomarlo y no en su extremo, que es donde se instalan los humanistas. La compasión sigue siendo una virtud inoperante, incluso acompañada de la caridad, toda vez que la subversión supone una fuerza activa, sobre todo cuando es completada con la acción".


"El conjunto, más allá del rostro de arena, descalificando el humanismo y superándolo, describe, funda y estructura un tipo de humanismo nuevo, un superhumanismo libertario que ya no instala en su centro al hombre castrado, sino al individuo liberado".


SOBRE EL PODER

"Nunca el disfrute del poder que se ejerce sobre otro se expresa en la desnudez de su mero ejercicio, de su puro y simple ejercicio. Siempre se justifica en virtud de universales, de trascendencias que exigen y necesitan, para bien de quienes los sufren, lo Justo, lo Verdadero, lo Bello, la Ley, el Estado, el Saber, el Orden, la Seguridad, el Derecho, la Moral y otras mitologías con las que se perpetúan los sometimientos".


"La Boétie escribe: 'Decidíos a no servir, y seréis libres', ¿cómo se puede no tomar la decisión y persistir en el servicio? Por miedo a la libertad. Por temor a tener que elegir, inventar, querer, por pereza intelectual, por incapacidad de la voluntad cuando todo se ha hecho para mantener limitado el espíritu crítico gracias a las técnicas de alienación, servidumbre y descerebración que las sociedades de hoy toleran".


"El Libertario brilla ante todo en el arte de sacar a la luz el poder allí donde se encuentre, circunscribirlo, rodearlo y esquivarlo a semejanza de los especialistas en aikido, que evitan las energías negativas y saben también devolverlas contra quienes las han desencadenado y buscado. Detectar, ver, detener, desviar; el fin es siempre evitar que tanto la dominación como la servidumbre, tanto la obediencia como el sometimiento".


"La lección cínica no ha perdido actualidad: ensañar la desnudez del rey... Cínicos son los rebeldes que ponen su orgullo por encima de prebendas que ofrecen la colaboración con los poderes establecidos, cínicos son también los rebeldes que ponen el pensamiento al servicio de la insumisión antes que al de las fuerzas que desvitalizan al individuo, y cínicos son, finalmente, los que oponen el saber al poder a modo de contrapoder".


"El libertario se muestra también como romántico, pues se sabe envuelto en una lucha de titanes en la que lo perderá todo, salvo el honor. No hay ninguna duda acerca del resultado: ningún sacrificio individual será suficiente para cambiar el curso de la historia de manera duradera y definitiva. Nada invierte la naturaleza trágica de lo real y la permanencia de las luchas violentas por el poder. Al menos, con ayuda de la elegancia, el libertario puede exhalar su último suspiro con la satisfacción de haber realizado su tarea hasta el final, pese a todas las dificultades".


"Allí donde el mundo guerrero y las violencias sociales viven a base de solemnidad, seriedad, seguridad, comunidad, brutalidad, cientificismo, sociologismo y contrato, el libertario propone la actividad lúdica, la libertad, el individuo, el romanticismo, lo trágico y la estética generalizada".


SOBRE LA ESTÉTICA

"Artistas son los familiarizados con el no, mientras que los otros, los que consienten, son criados".


"Allí donde circula el dinero es menester promover flujos de cultura crítica. Cuando reinan los capitales flotantes se debe erigir el saber como poder y socavar lo social a fuerza de lucidez, de crueldad conceptual, de violenta luz intelectual".


"Producir fuerzas que oponer a las violencias que nos gobiernan".


"Un pensamiento que no tiende a la acción ni la desee carece por completo de interés... La invitación marxista a dejar de contentarse con interpretar el mundo para intentar actuar sobre él conserva aún su actualidad".


"...cambiarse a sí mismo es cambiar el orden del mundo. Así las cosas, el devenir revolucionario de los individuos parece ser el único camino para inyectar resistencia y antifascismo, rebelión e insumisión allí donde triunfan los modos autoritarios. De manera que la revolución resulta menos molar y monolítica, centralizada y jacobina, que molecular y difusa, plural y multifocal".


"El arte escapará al mundo liberal cuando entre en el deseo libertario como se entra en la resistencia, esto es, rechazando que la energía del devenir revolucionario de los individuos se recicle en rastros espectaculares, en fetiches dignos de ser expuestos, comentados, propuestos a la mirada vacía de los grandes devoradores de imágenes que han perdido por completo la sensibilidad gustativa".


"La estética generalizada proviene de las invitaciones de Henri Lefebvre a definir un nuevo romanticismo revolucionario concentrado en el arte de producir situaciones, la voluntad de promover una teoría de los momentos, reforzada en una pragmática que ensalce los actos y las acciones destinadas a poner cada vez más en evidencia el desacuerdo entre el individuo, embriagado de libertad, y el mundo liberal, devorador de sustancias vitales singulares".



miércoles, 27 de abril de 2011

Composición infernal


"Según Jean Wier, autor del De praestigis, Basilea, 1568
(demonólogo), el ejército infernal,
dominado por 72 príncipes,
comprendía 7,405,926 diablos,
divididos en 1,111 legiones
de a 6,666 elementos...
'salvo error de cálculo'.

Citado en francés por Terrase, Charles,
La Cathédrale, Miroir du Monde,
Alpina, Paris, 1954".

(Nota manuscrita encontrada en la última página del libro La filosofía en la Edad Media, de Étienne Gilson, Gredos, 1972, que perteneció a la biblioteca de Carlos Castillo Peraza; los análisis grafólogicos arrojan que tal anotación fue hecha de su puño y letra).

domingo, 10 de abril de 2011

"Aquí estamos raza: Caifanes a tus pies"

(Foto: Notimex)

Tendría 13 o 14 años cuando escuché por primera vez al grupo: canciones como "Viento", "La célula que explota", "Será por eso", "No dejes que" o " Los dioses ocultos" fueron el soundtrack de mi adolescencia, y la imagen de Saúl Hernández (en lo personal, junto a la de Jim Morrison) la preferida para el estampado de playeras, de esas largas que se acompañaban de una camisa de franela amarrada a la cintura y botas negras.

Comenzó un peregrinaje para seguir al grupo en algunas de sus presentaciones, desde el primer concierto Nuestro rock hasta los foros de cines abandonados o explanadas en la ciudad de México, una de ellas causal de que, tras un desmán masivo, se cancelaran por varios años los conciertos al aire libre en esta urbe.

Siempre me asombró el poder chamánico de Saúl, y por chamán me refiero a lo que veía el propio Morrison en esa figura: un agente de la catarsis colectiva que lleva a quienes se reúnen en torno a él a un estado semi extático, de trance, para sanar con ello los males que aquejan a la tribu. Escuchando y viendo al líder de la banda entendí que el poder de la música es enorme y que el suyo en particular genera una conexión especial que pocas veces he vuelto a sentir.

Durante la época en que me tocó escucharlos, Caifanes se convirtió en un símbolo, quizá el más alto de los exponentes del rock es español; ahí estaban también Café Tacuba, que a la postre se mantuvo en el tiempo; Maná, quizá la banda mexicana que más lejos ha llegado; o la Maldita Vecindad, que reunía en torno suyo a masas ansiosas de ska y slam. Pero ninguno contaba con esa intensidad propia de Saúl y su grupo que hacía vibrar a sus seguidores y lograba con sus canciones lo que me atrevo a llamar "himnos generacionales".

En 1994 Caifanes, con sólo tres de sus integrantes originales, sacó a la venta el que sería su último disco: "El nervio del volcán", en una época en que el Popocatépetl comenzó a exhalar fumarolas que al principio asustaron a muchos pero que poco a poco se han convertido en parte del paisaje del Valle del Anáhuac. Por última vez, el grupo (lo que quedaba de él) emprendía una gira que a la postre sería la última: dos años después desaparecerían tras un altercado entre sus miembros por motivos que iban del dinero a la salud, pasando por la autoría de las canciones, el protagonismo, las regalías y un largo etcétera que al final no importaba... Se iba Caifanes y con él los años de la adolescencia. Quedaba en su lugar Jaguares, el nuevo proyecto de Saúl en el que el aura de estrella de rock del músico se mantenía intacta a pesar de numerosas operaciones en la garganta o rehabilitaciones.

El poder de comunión entre Saúl y su público proseguía y llenaba escenarios con canciones nuevas de las que ya escuché pocas. Recuerdo bien una producción en vivo en la que el bajista Sabo Romo se sumó a la banda para interpretar algunas piezas viejas y otras nuevas, entre las que destacaba una, "Las ratas no tienen alas", con un solo de bajo acompañado por la batería de Alfonso André que denotaba la calidad y la experiencia en los escenarios de la dupla.

Hacia el final de la canción, la voz fuera de la letra original comienza lo que a mi parecer es una prueba de esa fuerza de Saúl ante la multitud; con la música de fondo, recita "Acuérdate del racismo". Calla y el público arroja una ovación. Continúa con un "Acuérdate de la discriminación". "Acuérdate del 68". "Acuérdate de los niños que se mueren de hambre y de frío"; la ovación aumenta, se distingue claramente en la grabación, y la música sigue para concluir "Acuérdate que tú, raza tienes alas, y eres libre". La explosión del público es inmensa y concluye el ritual chamánico, la labor de quien se levanta frente al grupo y conjuga energía para recibirla y hacerla proyectar.

Quedaban atrás los viejos casetes pirata conseguidos en el tianguis del Chopo. Se popularizaban los CD y la memoria buscaba sanar la ausencia de Caifanes en los escenarios con la exploración de cada material. Así me topé con "Piedra", "Vamos a hacer un silencio", La llorona" y un tema que hasta el día de hoy disfruto como pocos: "Amárrate a una escoba y vuela lejos".

Es verdad que uno encuentra, a la sombra del tiempo transcurrido, nuevo sentidos en aquellas canciones que escuchaba, nuevos significados, figuras que evocan el pasado pero también otras que develan sentidos no hallados entonces. El goce de la música se renueva de ese modo y al menos en lo personal pasa que encuentro motivos para retomar los discos y escucharlos de vez en cuando para no olvidar lo que fuimos, lo que somos ni lo que alguna vez soñamos ser.

Esta primavera de 2011, Caifanes se reunió con todos sus integrantes en el Festival Vive Latino. Ya no estuve ahí para dar fe pero la transmisión en vivo por internet me permitió cantar alguna canción, escuchar los solos de guitarra de Marcovich, los acoplamientos de Alfonso y Sabo, el sonido complementario de Diego Herrera en el teclado y reafirmar con una frase la magia escénica de Saúl. Al comenzar la segunda pieza, "Mátenme porque me muero", el vocalista menciona: "Aquí estamos raza. Caifanes a tus pies". Setenta mil voces se unieron entonces a la ovación y yo, con un hermano de aquella época, me estremecí como lo hice hace años, convencido de que la música, de que el rock está vivo y hace vibrar como nadie más me ha hecho vibrar.

(La sensación alcanzó para despertar en domingo, a las 4am, con el ansia de escribir estas líneas y comprobar que hay cosas adentro que se mueven y revolucionan, agitadas por una fuerza que las trasciende y que cada vez quiere callar menos y hablar más).

(Foto: Reforma)


domingo, 3 de abril de 2011

Cuando calla la poesía...



No podría decir que lo conozco: apenas intercambiamos un saludo hace ya como 10 años en la oficia de mi padre, a donde acudió a charlar horas largas que transcurrían en ese despacho al que, como él, muchos se acercaban para intercambiar impresiones, anécdotas o simplemente recordar.

Por sus novelas Viajeros en la noche y El reflejo de lo oscuro sabía que Javier Sicilia es escritor; la primera de éstas la reseñé en la revista etcétera, uno de mis pininos como colaborador de sus páginas. Apenas recuerdo los argumentos de ambos títulos pero me queda ese sabor a vida de eremita del desierto y de los fondos oscuros de cierta abogacía, respectivamente.

No conocía su obra poética; leí innumerables columnas suyas en el Proceso de la época de Scherer, sabía que dirigía la hoy desparecida revista Ixtus y que, de la mano de Jus, se encarga de la actual Conspiratio, con apenas poco más de una decena de ediciones. En todos los casos me ha cautivado su combatividad, su defensa de causas que puedan o no ser justas son siempre dignas de atender, su final en cada nota de aquel semanario "...Por otra parte, opino que se deben de respetar los acuerdos de San Andrés Larráinzar..." y una serie de solicitudes que se van sumando a esa especie de corolario petitorio.


Lo recuerdo de cabello largo, agrisado, con la mirada despierta y observadora, la risa franca y amplia. Las fotos no lo revelan así: camisa a cuadros, cabello recortado, frente a un micrófono en alguna plaza de Cuernavaca, cuando el asesinato de su hijo lo llevó a recitar el que llamó su último poema:


“El mundo ya no es mundo de la palabra.

Nos la ahogaron adentro.

Como te asfixiaron, como te desgarraron a ti los pulmones.

Y el dolor no se me aparta, solo tengo al mundo.

Por el silencio de los justos”.

“Solo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo”.


No sé qué deba pasar en el mundo para acallar la voz de un poeta, pero es algo grave, quizá innombrable, en el borde del absurdo –que es límite de la razón–. Leí su carta publicada en el número 1796 de Proceso y una frase me desconcertó: "ustedes no saben de poesía". Y en efecto: no saben de poesía porque no saben lo sublime que hay en el hombre, ni cuánto muere cuando calla un poeta.

Calla la poesía y con ella la voz más alta que puede alcanzar la humanidad. En lo personal, suscribo la misiva.


Estamos hasta la madre...
(Carta abierta a los políticos y a los criminales)

Javier Sicilia

El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco, de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo Escalera, se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada clase política y de la clase criminal, que ha roto sus códigos de honor.

No quiero, en esta carta, hablarles de las virtudes de mi hijo, que eran inmensas, ni de las de los otros muchachos que vi florecer a su lado, estudiando, jugando, amando, creciendo, para servir, como tantos otros muchachos, a este país que ustedes han desgarrado. Hablar de ello no serviría más que para conmover lo que ya de por sí conmueve el corazón de la ciudadanía hasta la indignación. No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre.

Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla, de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida; estamos hasta la madre, porque la corrupción de las instituciones judiciales genera la complicidad con el crimen y la impunidad para cometerlo; porque, en medio de esa corrupción que muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano de este país ha sido reducido a lo que el filósofo Giorgio Agamben llamó, con palabra griega, zoe: la vida no protegida, la vida de un animal, de un ser que puede ser violentado, secuestrado, vejado y asesinado impunemente; estamos hasta la madre porque sólo tienen imaginación para la violencia, para las armas, para el insulto y, con ello, un profundo desprecio por la educación, la cultura y las oportunidades de trabajo honrado y bueno, que es lo que hace a las buenas naciones; estamos hasta la madre porque esa corta imaginación está permitiendo que nuestros muchachos, nuestros hijos, no sólo sean asesinados sino, después, criminalizados, vueltos falsamente culpables para satisfacer el ánimo de esa imaginación; estamos hasta la madre porque otra parte de nuestros muchachos, a causa de la ausencia de un buen plan de gobierno, no tienen oportunidades para educarse, para encontrar un trabajo digno y, arrojados a las periferias, son posibles reclutas para el crimen organizado y la violencia; estamos hasta la madre porque a causa de todo ello la ciudadanía ha perdido confianza en sus gobernantes, en sus policías, en su Ejército, y tiene miedo y dolor; estamos hasta la madre porque lo único que les importa, además de un poder impotente que sólo sirve para administrar la desgracia, es el dinero, el fomento de la competencia, de su pinche “competitividad” y del consumo desmesurado, que son otros nombres de la violencia.

De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido.

Antiguamente ustedes tenían códigos de honor. No eran tan crueles en sus ajustes de cuentas y no tocaban ni a los ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya no distinguen. Su violencia ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. Han perdido incluso la dignidad para matar. Se han vuelto cobardes como los miserables Sonderkommandos nazis que asesinaban sin ningún sentido de lo humano a niños, muchachos, muchachas, mujeres, hombres y ancianos, es decir, inocentes. Estamos hasta la madre porque su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal –los animales no hacen lo que ustedes hacen–, sino subhumana, demoniaca, imbécil. Estamos hasta la madre porque en su afán de poder y de enriquecimiento humillan a nuestros hijos y los destrozan y producen miedo y espanto.

Ustedes, “señores” políticos, y ustedes, “señores” criminales –lo entrecomillo porque ese epíteto se otorga sólo a la gente honorable–, están con sus omisiones, sus pleitos y sus actos envileciendo a la nación. La muerte de mi hijo Juan Francisco ha levantado la solidaridad y el grito de indignación –que mi familia y yo agradecemos desde el fondo de nuestros corazones– de la ciudadanía y de los medios. Esa indignación vuelve de nuevo a poner ante nuestros oídos esa acertadísima frase que Martí dirigió a los gobernantes: “Si no pueden, renuncien”. Al volverla a poner ante nuestros oídos –después de los miles de cadáveres anónimos y no anónimos que llevamos a nuestras espaldas, es decir, de tantos inocentes asesinados y envilecidos–, esa frase debe ir acompañada de grandes movilizaciones ciudadanas que los obliguen, en estos momentos de emergencia nacional, a unirse para crear una agenda que unifique a la nación y cree un estado de gobernabilidad real. Las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5:00 PM del monumento de la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno, exigiendo justicia y paz. Si los ciudadanos no nos unimos a ella y la reproducimos constantemente en todas las ciudades, en todos los municipios o delegaciones del país, si no somos capaces de eso para obligarlos a ustedes, “señores” políticos, a gobernar con justicia y dignidad, y a ustedes, “señores” criminales, a retornar a sus códigos de honor y a limitar su salvajismo, la espiral de violencia que han generando nos llevará a un camino de horror sin retorno. Si ustedes, “señores” políticos, no gobiernan bien y no toman en serio que vivimos un estado de emergencia nacional que requiere su unidad, y ustedes, “señores” criminales, no limitan sus acciones, terminarán por triunfar y tener el poder, pero gobernarán o reinarán sobre un montón de osarios y de seres amedrentados y destruidos en su alma. Un sueño que ninguno de nosotros les envidia.

No hay vida, escribía Albert Camus, sin persuasión y sin paz, y la historia del México de hoy sólo conoce la intimidación, el sufrimiento, la desconfianza y el temor de que un día otro hijo o hija de alguna otra familia sea envilecido y masacrado, sólo conoce que lo que ustedes nos piden es que la muerte, como ya está sucediendo hoy, se convierta en un asunto de estadística y de administración al que todos debemos acostumbrarnos.

Porque no queremos eso, el próximo miércoles saldremos a la calle; porque no queremos un muchacho más, un hijo nuestro, asesinado, las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una unidad nacional ciudadana que debemos mantener viva para romper el miedo y el aislamiento que la incapacidad de ustedes, “señores” políticos, y la crueldad de ustedes, “señores” criminales, nos quieren meter en el cuerpo y en el alma.

Recuerdo, en este sentido, unos versos de Bertolt Brecht cuando el horror del nazismo, es decir, el horror de la instalación del crimen en la vida cotidiana de una nación, se anunciaba: “Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no tuve nada que decir”. Hoy, después de tantos crímenes soportados, cuando el cuerpo destrozado de mi hijo y de sus amigos ha hecho movilizarse de nuevo a la ciudadanía y a los medios, debemos hablar con nuestros cuerpos, con nuestro caminar, con nuestro grito de indignación para que los versos de Brecht no se hagan una realidad en nuestro país.

Además opino que hay que devolverle la dignidad a esta nación.



martes, 15 de marzo de 2011

Anecdotario de una visita a Tabasco



Marzo de 2011, Villahermosa, Tabasco: a petición de Gerardo Priego, asistimos Clau y yo a dos eventos organizados por la Fundación Impulsa, que preside el ex diputado panista y ex secretario de Vinculación con la Sociedad del CEN del PAN.

Luego de la desmañanada, aterrizamos en esa ciudad a las 10am, con un primer escenario que proporcionó la vista aerea: las curvas majestuosas del Grijalva que serpentean entre lagunas e islas donde se instala la capital del estado, y la frondosa vegetación que se amontona más allá de donde la vista abarca. El calor no era tanto como esperábamos y el desayuno, en un restaurante llamado "El Edén", nos deleitó con la variedad de la cocina local: tamales de chipilín, frutas de todos colores y sabores, plátanos fritos y un bufete que no recuerdo con exactitud pero que fue explicado a detalle en su elaboración y preparación por las cocineras el lugar.

El cuarto del hotel tiene vista a una de esas lagunas que observé desde las alturas y la calma del sábado por la mañana nos permite contemplar esa riqueza natural de uno de esos tantos sitios de México que, no obstante contar con la generosidad de la naturaleza, padecen la mala administración de sus gobernantes; algunos dicen que es fruto de una sociedad acostumbrada a "estirar la mano y encontrar la comida", frente a otras civilizaciones que para tener agua deben excavar, caminar, explorar... El argumento me parece simplista y, junto con ese otro de que "el calor vuelve holgazana a la gente", una suma de justificaciones que no alcanza a dar razón de lo que pasa o deja de pasar, pues la cercana Mérida o la aún más próxima Veracruz son regiones de alto potencial y desarrollo (en algunas de sus zonas) que padecen las mismas condiciones del medio ambiente y, sin embargo, han tenido importantes épocas de prosperidad.

En lo personal, prefiero las razones que proporcionan décadas de malos gobiernos aunadas a una cultura nacional conformada tras décadas de autoritarismo y que hacen de la corrupción y la deshonestidad una característica del país, reflejada incluso en refranes como ese de "el que no transa no avanza", "año de Hidalgo", "el que se mueve no sale en la foto" y otros tantos que son parte del habla común de los mexicanos, sobre todo de una buena parte de la clase gobernante.

El único evento del día fue una entrevista en la radio, en la que aproveché para promocionar la edición conmemorativa del décimo aniversario luctoso de mi padre y la revista La Nación, así como criticar a los medios locales que aceptan ser corrompidos por la autoridad en turno, práctica deleznable pero común en algunos informadores del interior de la República (y de la capital, y de todo el mundo). Fue un gusto comprobar que el locutor conocía la obra de Castillo Peraza y que esa semilla sembrada por sus ideas alcanzaba, todavía diez años después, a florecer en tierras tan fértiles y generosas.

Luego unas horas de descanso, recuperar el sueño perdido y dedicar la tarde a admirar el ocaso de esas tierras de cielos bajos donde el fresco de la tarde lleva en la brisa el sabor de la piel ardiente, de los ojos oscuros; el graznido de millones de aves parece a esas horas relatar el curso del día a gritos, justo antes de que la noche llegue con el rumor de cocodrilos que se asoman, chapotean y vuelven a su dominio, el de millones de insectos que acompasan con sus alas, su andar o su arrastrarse la oscuridad que permite contemplar planetas y constelaciones.

Tras un desyuno ligero llegamos a las instalaciones del Comité Directivo Estatal, donde ya nos esperan unas 150 personas, tanto panistas como miembros de la sociedad que Gerardo Priego ha reunido en torno a su Fundación. Es destacable esa labor de acercamiento con la ciuddanía que Priego Tapia ha realizado en el último año y medio: así como desde el CEN del PAN pudo acercar al partido a especialistas en temas como la ecología, los derechos humanos y la cultura, y sumar sus propuestas e ideas a la campaña presidencial, desde Impulsa ha generado el mismo trabajo afortunado con el que se canalizan las fuerzas de los grupos de especialistas hacia aquellos encargados de tomar decisiones, en un encuentro auténtico de la sociedad con la clase política, más allá del oportunismo electoral, de las alianzas y centrándose en soluciones a conflictos detectados por quienes están más cerca de un problema que aquellos que simplemente admisitran desde escritorios y oficinas según su distante entender.

Mi charla versó sobre los valores de la generosidad y la responsabilidad en el ejercicio de la política, tema que me ha apasionado desde que tuve la fortuna de tratar a Carlos Abascal y en el que he encontrado grandes incongruencias entre la prédica y la práctica del PAN; también comenté algunos puntos acerca de la herencia que reciben los militantes y dirigentes de Acción Nacional, forjada en setenta y un años de esfuerzo partidista y cómo el famoso lugar común de "todos los políticos son iguales" es un gran agravio al panismo (en ocasiones merecido), pues es el único partido que se ha perfilado como una opción auténtica en el modo de ejercer la política.

Antes habló en Presidente del Comité del PAN y, después, Gerardo Priego, quien agradeció la libre asistencia de los participantes y destacó la presencia de Xóchitl Pimienta, Claudia Villa, Erandi y Beatriz, que han estado con él desde hace años y creen como muchos más en la dedicación y trabajo del que con cariño y respeto aún llaman "jefe".

El segundo evento fue una comida a la que llegaron unas 200 personas, en la que intervine con un brve recuento de cómo conocí a Gerardo: tal como lo escribí en el libro "Diálogo entre generaciones", le debo a él mi incursión en las actividades partidistas de Acción Nacional, pues luego de muchos años de permanecer ajeno fue bajo la convocatoria que realizó desde la Secretaría de Vinculación que fui llamado a colaborar en el área de Cultura. Gerardo ya no lo recordaba, quizá nunca la supo, pero era importante señalarlo en ese sitio, donde además se dieron cita más miembros de la sociedad, representantes en temas de salud, de nuevo cultura, empresarios, además de panistas que lo reconocen como líder y respaldan sus proyectos tanto sociales como partidistas.

Al terminar, una pausa para un cigarrillo afuera del lugar del evento, con el calor del mediodía exigiendo un rescoldo de sombra para disfrutar. Un hombre de unos cuarenta años se acercó entonces y, palabras más palabras menos entablamos el siguiente diálogo:

–¿Usted es hijo de Don Carlos?
–Así es, desde chiquito.

–Yo escuché a su padre hace muchos años, y bueno, yo me dedico a los banquetes y me toca atender a políticos de todos los partidos; la verdad nunca les pongo atención porque todos dicen lo mismo, pero al escuchar a su padre hasta dejé de servir, porque me atrapó lo que decía... Hablaba con tanta claridad y tan convencido que los compañeros me empujaban para que siguiera trabajando porque ahí estaba yo, embobado.
–Muchas gracias señor, la verdad es que lo extrañamos.

–Sí señor, todos dicen los mismo y la verdad yo trabajo para elos por allí donde estoy hay poca chamba, pero siempre se detienen ahí a hacer sus eventos, y pues hay que trabajar, pero con su papá fue distinto. Me pasó lo mismo hoy, con este Señor Priego; ojalá sea candidato.
–...


Se despidió para continuar cargando la camioneta donde transportaba sus enceres de cocina y ahí me quedé yo, embebido con el asombro de cuán lejos puede sembrarse una semilla de ideas y cuánto tiempo después aún sigue dando frutos buenos. Un alma que de verdad se movió, pensé, como hubieran querido los fundadores del PAN.

Recordé que un parte de "Volverás" se desarrolla en Tabasco, en los tiempos de la presecución cristera. Y ahí, frente a la Iglesia de la Conchita que defendiera Salvador Abascal del fanatismo anticlerical, terminamos ese día, con una nieve de mamey (la bolsa de semen del trópico, que dijera el poeta Pellicer) a la vera del Grijalva, bajo un sol que ya cedía sus calores a las últimas horas del domingo, entre el tañido de campanas y el concierto de las aves que volvían a sus ramas.




viernes, 11 de marzo de 2011

Encuentro con Carlos Salinas de Gortari: una crónica



Un modesto acercamiento: los años noventa

Conocí a Carlos Salinas en 1993, en Los Pinos, una noche cuando mi padre me pidió acompañarlo a un encuentro con el Presidente. No tenía yo más de 15 años y la solicitud me resultó extraña, pero luego entendí el motivo: ser citado de noche en la Residencia oficial despertaba sospecha, no eran tiempos sencillos para ir solo a pesar de los diversos acercamientos que ya realizaba la autoridad oficial con la oposición, y que se traducían en las primeras reformas constitucionales (el artículo 3º, la credencial para votar con fotografía, entre otras).

Entramos por alguna de las puertas metálicas pintadas de verde y un oficial abordó el vehículo para conducirnos por las sendas que se abrían entre prados y árboles. Nos recibió en la llamada Casa Lázaro Cárdenas, saludó ameno y en esa ocasión recuerdo que me llamó la atención el reloj que se ajustaba a su muñeca izquierda: un Casio digital, con correa de plástico, de esos que yo observaba en el mercado de Plaza Universidad que atravesaba de regreso de la Secundaria. "Da la hora y nunca hay que darle cuerda", comentó sonriente, antes de conducir a mi padre a una de las salas y dejarme a mi a la espera, en un salón donde se exponían los regalos que como jefe de Estado había recibido de parte de sus pares de otras latitudes.

La reunión duró poco menos de dos horas y regresamos al Sur de la ciudad por Consitutyentes, vacía a esas horas y oscura. Mi padre jamás me comentó lo que se habló entonces y mi curiosidad tampoco alcanzaba para interrogar demasiado, pues en esa época los intereses del adolescente giraban en torno de temas muy lejanos al poder y muy cercanos a la música, el basquetbol y las actividades del grupo scout donde construí amistades postreras y adquirí conocimientos que, más allá de nudos y ensamble de tiendas de campaña, me han servido hasta el día de hoy.

Lo siguiente que supe de Carlos Salinas revolotea confuso en la memoria y está más cercano a la imaginería popular: el asesinato de Colosio, la crisis de 1995, el exilio a Irlanda, el chupacabras, las máscaras con su figura que portaban mendigos en las esquinas, las caricaturas de la prensa, "el hermano incómodo" que bautizó Proceso en una portada que pocos recuerdan pero muchos mencionan, la huelga de hambre y una serie de lugares comunes, de esos que alimentan el mito y dan poca oportunidad para el análisis serio y objetivo.


Un libro para comentar
El encuentro fue organizado por la asociación que preside Rafael González y que reúne a estudiantes universitarios cercanos a, o militantes de Acción Nacional. La temática era compartir impresiones sobre el libro Democracia republicana, ni Estado ni mercado: Una alternativa ciudadana, de la autoría de Salinas de Gortari y editado por Debate (2011).

Unos cuarenta universitarios (yo ya no lo soy, pero gracias a la generosidad de Rafa y de Andrés Ponce pude ser incluido en el grupo) nos reunimos en la entrada de Perisur para abordar el camión que nos llevaría al domicilio del ex presidente. La dinámica era tener formulada una pregunta que Salinas repondería, lo cual exigía haber dado lectura a un volumen de cerca de mil páginas. Por princpio, jamás leo libros de políticos, pues tengo la idea de que, 1) ellos no los escriben, 2) los políticos no suelen ser buenos jueces de sí mismos, y 3) hay mucha Literatura por leer antes que la de los políticos, normalmente dedicada a justificarse frente a la historia. No obstante, era necesario cierto conocimiento de causa antes de la reunión, por lo que pasé tres días (con sus respectivas noches) repasando aquellas páginas que, de acuerdo con el índice (general o de nombres propios), llamaron mi atención.

De esos paseos por los distintos capítulos me atrapó, en primer lugar, la tendencia de Salinas a esclarecer lo que él llama el "cliché" de los 70 años de PRI, que a su vez combate con otro cliché que bautiza como "la década perdida", esa que comienza justo cuando termina su Presidencia y que, asegura, ha sumido al país en un estancamiento, cuando no retroceso, en materia económica, política y social.

En segundo lugar, es destacable también el exhorto a construir ciudadanía con el que llama a la sociedad a tomar en sus manos su propio destino, para así transformar radicalmente a México desde "abajo", forzando al "pueblo" a servirse de los políticos contra la que llama la tendencia de los políticos a servirse del pueblo. Para lograr este cometido, Salinas hace otro llamado a conocer la historia completa de la Nación y de diversas etapas de la humanidad en la que el poder del pueblo ha obligado a la clase gobernante a trabajar bajo los dictados populares; lo curioso es que ante esta necesidad de conocimiento histórico él mismo omite partes de la historia nacional en las que la fuerza de la ciudadanía ha conducido los grandes cambios políticos que, al final, lograron la alternancia en la Presidencia de la República.

Como tercer punto, me llamó la atención la cantidad de referencias que hace el autor de términos y prácticas que históricamente han sido bandera del Partido Acción Nacional: la propia mención de construcción de ciudadanía participativa y responsable, la estrategia municipalista que propone Salinas y que desde hace décadas dio sus primeros triunfos al PAN, el bien común, la filosofía de Tomás de Aquino, la de Jacques Maritain y la de Emmanuel Mournier, entre otros tantos vocablos que cualquier panistas medianamente conocedor de la doctrina de este partido reconocerá como familiares desde los primeros textos de Gómez Morin, y González Luna, pasando por Christlieb Ibarrola, González Morfín, y hasta llegar a Castillo Peraza o Carlos Abascal.

Con esas consiedraciones, formulé una pregunta y una invitación: la pregunta: ¿Cómo fue su trabajo como Presidente de la República con una oposición como la que practicó en esa época el PAN?; la invitación: entregarle los recién editados tomos del pensamiento de Castillo Peraza para compartir con él esos términos e ideas que no son nuevos y que el PAN promueve desde hace 71 años.

2011, al sur de la ciudad de México
La comitiva llegó a la casa de Carlos Salinas al mediodía del miércoles 9 de marzo de 2011. Una puerta exterior dejaba pasar a un pequeño patio con una fuente y, de inmediato, otra puerta de madera conducía a un pasillo corto, al final del cual se encontraba la biblioteca, donde fuimos acomodados en tres filas de sillas; al frente, un taburete y una pequeña mesa donde reposaban un vaso de agua y un volumen del libro.

El espacio impresionaba más por su buen gusto que por sus dimensiones. Una especie de chalet suizo con techo a dos aguas, fuertes vigas de madera y los libreros que exhibían desde tomos finamente empastados hasta informes de secretarías, de esos que nadie lee y que ocupan los anaqueles más inaccesibles. Del techo colgaban dos candiles y la luz indirecta de pequeños focos daban al entorno una calidez adecuada para la lectura o la reunión con los que ahí nos encontrábamos. Alternados en distintos nichos, reconocimientos, las seis bandas presidenciales (una por cada año de gobierno), alguna escultura en madera, el nombramiento de titular del Ejecutivo y dos grandes espacios donde, a manera de collage, se distribuían fotos con diversas personalidades: Juan Pablo II, Fidel Castro, Mario Vargas LLosa y un sinnúmero de rostros que no alcancé a reconocer.

Tuve el gusto de encontrarme ahí con jóvenes amigos panistas, como Juan Pablo Adame o Julio Tronco, que venía de Oaxaca, aún con la maleta en mano, a tomar parte de la reunión. También estuvieron estudiantes de la Universidad Panamericana (UP), del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), entre otras casa de estudio del Distrito Federal.

Carlos Salinas entró al recinto unos minutos después de las 12:30; vestía una chamarra de piel café cerrada a la mitad del pecho y un patalón verde oscuro, a juego con la camisa de tonos ocre y blanco. Saludó con un "Buenas tardes", más seco que cordial, enmarcado en el gesto de seriedad de quien se sabe frente a un público de ideas distintas. Tomó asiento y ya más relajado dio la bienvendia, bromeó sobre la filiación política de los invitados y habló durante 15 o 20 minutos sobre el contenido del libro, repasando los temas ya leídos o resumidos en la síntesis que Rafa entregó un día antes del encuentro.

Pasamos a la sesión de preguntas y, de manera coincidente, la mayoría de las que alcanzó a contestar giraban en torno del tema de participación ciudadana: cómo mejorarla, cómo sacar a la sociedad de la apatía, de qué modo sumar a quienes están interesados en producir cambios reales. Las respuestas fueron en el marco del programa Solidaridad, así como en el de la reciente revuelta egipcia, denotando una amplia cultura general, con cifras, datos históricos, ejemplos claros y una habilidad nata de esquivar aquellos temas frágiles o criticar medidas económicas posteriores a su mandato. Alabó la estrategia del Presidente Felipe Calderón contra el crimen organizado y, entre broma y broma, aprovechó para hacer críticas de una alternancia que, dijo, debía ir más allá de lo electoral y que, vaticinó, se cumpliría en el año 2012 con el regreso del PRI.

Las manos se levantaban, al principo tímidas, luego confiadas, y Salinas, un poco al azar, elegía de un lado y otro del auditorio a los que participarían. Hubo respuestas directas y breves, otras complejas y prolongadas, siempre en un ambiente de respeto, atención y cordialidad. Una mesa a un costado exhibía tazas para café, galletas y bebidas que quedaron casi intactas, al igual que mi pregunta y mi invitación, que no tuvieron ocasión de ser atendidas. A las 14:30 dio por concluida la reunión con un "Ustedes también comerán"; agradeció nuestra presencia, se comprometió a responder las preguntas pendientes vía correo electrónico y firmó ejemplares antes de abordar el vehículo y salir escoltado por tres camionetas y dos automóviles negros con parachoques.

Antes de abordar el camión tuve oportunidad de observarle al otro lado del vidrio blindado, la mano izquierda en gesto de despedida y, atada a la muñeca, la correa de plástico del mismo modelo de reloj Casio que llamó mi atención hace ya 18 años. Cuánta muerte y cuántos cambios en México desde aquella vez, pensé, mientras fumaba un Marlboro rojo que ordenaba recuerdos lejanos y nuevos, agolpados, que se confundían con el humo bajo el sol crudo de marzo.




martes, 8 de febrero de 2011

SOBRE CHISMES POLÍTICOS Y PERIODISTAS




Algunas consideraciones (por supuesto, altaneras) sobre la noticia del despido de la periodista Carmen Aristegui por violar el Código de Ética de MVS, que el lunes pasado llenó el espacio de las redes sociales...


1) No es la primera vez que escucho un rumor respecto del Presidente Felipe Calderón: que si tiene una amante, que si vive deprimido, que si lo tortura su pasado, que si se peleó con su padre y luego con su amigo Castillo Peraza; ahora, que es alcohólico...

Por fortuna, todos estos rumores corresponden al ámbito personal, es decir, ahí donde ni la prensa ni la opinión pública tienen derecho a opinar (alguno, con gusto, dirá: "yo opino de lo que quiero"; ande pues, opine entonces) y donde en lo que a mi respecta me tiene sin cuidado lo que haga cada quien. Es decir, de la puerta de su casa para adentro, cada quien su vida. Lo que a mi me interesa es que el país avance, que se viva en calma, que el Presidente cumpla lo que prometió en su campaña y por lo que fue votado: es decir, para gobernar.

Por cierto, el rumor del alcoholismo lo he escuchado y leído también de panistas que se rasgan las vestiduras en cuanto encuentran la paja (o suponen que la encuentran) en el ojo ajeno: la doble moral tan característica de los que predican "superioridad moral" –que Joaquín Sabina tan bien retrató en canciones como "Doble vida", "El blues de lo que pasa en mi escalera"– y que suelen tener también su colita para pisarles, basta encontrarla.


2) Mdme. Aristegui invocó, para sustentar sus dichos, en primer lugar: la manta expuesta por el diputado Noroña, logrando así transportar el desvarío tan frecuente de éste a la exigencia de aclarar por parte del acusado las imputaciones que se ostentan en una manta (las pruebas reducidas a lo que dice una manta), de las cuales, por cierto, no hay prueba fehaciente; como bien afirma Ciro Gómez Leyva, Felipe Calderón jamás ha aparecido en estado inconveniente en un evento público y, me consta, su agenda comienza casi de madrugada y termina ya entrada la noche –la agenda diaria del Presidente puede consultarse en www.presidencia.gob.mx–; como bien sabemos, no hay cruda que resista a un ritmo de vida como el que lleva el Presidente (y el que esté libre de cruda, que que la primera manta, Claus dixit).

La segunda fuente de Mdme. Aristegui son las redes sociales, donde, asegura, se corre el rumor del alcoholismo del Presidente, por lo que entiendo que también debería investigarse si Michael Jackson está vivo o no, si en los cines se están poniendo agujas infectadas con sida en los asientos para contagiar a los incautos, y otras leyendas iguales o peores que suelen esparcirse y que encuentran eco inmediato en algunos de los cientos de millones de usuarios de Facebook o Twitter.

El tercer argumento de Aristegui es que en las democracias civilizadas este tipo de problemas se investigan por médicos autorizados, sólo que olvidó mencionar que en las democracias civilizadas también hay que presentar pruebas fehacientes para hacer acusaciones como la que ella hizo, de lo contrario, el calumniador puede ser penado económica e incluso penalmente. Para mayores referencias, remitirse al último párrafo del punto primero de este alegato.


3) En las últimas semanas, diversos periodistas de cierto prestigio, como Joaquín López Dóriga (caso JJ) y Carlos Loret de Mola (caso Kalimba), han sido cuestionados por su modo de trabajar, es decir, por entrevistas mediocres, tendenciosas y que lejos de buscar obtener información imputan acusaciones como si ellos fueran los encargados de impartir justicia.

Sin caer en el extremismo foxiano (aquello de que a los medios ni los leo ni los oigo), y ante la poca calidad de mucha de nuestra prensa, desde hace años entendí que hay una gran diferencia entre informar y editorializar, por lo que decidí que, en una nota, más allá del qué, quién, dónde, cuándo y porqué, lo demás es basura que o no leo u olvido de manera instantánea. Tome el consejo quien guste dejar de llenar su cerebro de información "de relleno".

Por cierto, el periódico Excélsior, en su suplemento "Código Topo", publicó una frase sobre la que vale la pena reflexionar: "En un país donde se trata a los delincuentes como artistas y a los artistas como delincuentes, no es de extrañar que perdamos de vista lo que es realmente importante".

Y una duda adicional: ¿cómo le hacen los presentadores televisivos para obtener "exclusivas" con personajes que están bajo arresto?


4) Si hoy día, como afirmó Gilles Lipovetsky en La era del vacío, hay una cruzada mundial a favor del "puritanismo de la salud", y se corretea de manera infame a los fumadores de tabaco, pues entonces también debería existir un símil en cuanto al alcohol se refiere: no es mentira que mucha gente de oficinas de gobierno de cualquier signo se va a comer y vuelve "bien servida" a despachar asuntos de orden público.
Propuesta: dado el poder intimidatorio del alcoholímetro, se sugiere instalarlo en las puertas de las oficinas de gobiernos de todo signo para también estar seguros de que éstos sean espacios "libres de alcohol", y todo siga siendo tan puro como se pretende. Como medida adicional, en cuanto algún burócrata sea sorprendido en flagrancia, llámese a la prensa para asegurar un espacio en la edición del día siguiente.


5) Diversos comentarios leidos respecto de este devaneo "periodístico" han imputado la extracción "izquierdista" tanto de Noroña como de Mdme. Aristegui. Para esclarecer la auténtica dimensión de este calificativo recomiendo los libros El desencanto, de José Woldenberg, y Entre el pasado definitivo y el futuro posible, de Gilberto Rincón Gallardo, pues llamar izquierda a lo que es una horda de provocadores es caer en la provocación de llamar izquierda a una horda de provocadores que quieren provocar ser llamados de izquierda cuando sólo son una horda de provocadores... Esta figura se llama "círculo vicioso" y es una de las trampas de la lógica, es decir, un sofisma, de esos que Sócrates denunció y que al final le causaron la muerte.


6) Ante casos como el de la irresponsabilidad de los medios de información no puedo evitar evocar a mi padre y su actitud durante los últimos años de su Presidencia del PAN, así como los de la campaña por la Jefatura de Gobierno del DF, en 1997, cuando mando "a la chingada" a la prensa, cosa que sin duda a algunos no les cayó muy bien, que fue políticamente incorrecta pero que en situaciones como esta me recuerdan la frase de algún comercial viejo que decía: "qué razón tenías..."


¡ ... SALUD... !

sábado, 5 de febrero de 2011

Recuento decembrino (en febrero)


...luego de una temporada vacacional (que procuramos, altaneramente, prolongar hasta febrero (al menos en este espacio)), un pequeño de recuento de los contados días de diciembre en que el exterior fue considerado como opción al interior...

Apareció por ahí El eclipse, en los últimos días de diciembre, que acompañamos al ritmo del maestro Cerati, ciertos de que a pesar de su letargo lo intuía por ahí, desde alguna ventana austral...

El soundtrack ("banda sonora" para los puristas) del eclipse fue breve: "Luna roja", "Té para tres", "Claroscuro", "Terapia de amor intensiva", "Disco eterno", "Fue", "Planeador"...

La máquina de hacer fotos no alcanzó a captar lo majestuoso del evento astronómico ni las formas de Orión, que giraron por el firmamento al compás estelar de una luna que se enrojecía.




La siguiente retrospectiva es también de la ciudad de México, en un Paseo por el paseo de la Reforma con @CLAUSROSS, que se adornaba con las esculturas del michoacano Javier Marín, obras que hablan por sí solas...

¡EL ARTE TOMA LAS CALLES!







y eso fue todo lo exterior... el resto de diciembre, ceremonias de interior (Cortázar dixit)